Realizado por Rafael Loro Penella. Estudiante de RRII

Como os había comentado anteriormente, son muchas las cosas que contar acerca de este país, especialmente cuando su cultura y estilo de vida son tan diferentes a los nuestros.
Un elemento imprescindible a tener en cuenta para hablar del estilo de vida es la edad media de la población saudí, ya que el 60% de esta se sitúa por debajo de los 30, con un promedio de 29 años. Al conducir por sus avenidas o pasear por sus centros comerciales, la cantidad abrumadora de rostros jóvenes no puede dejar de sorprenderme. No se me ocurre otro motivo sumado al de los elevados ingresos estatales para explicar el dinamismo que caracteriza al país, constantemente presentando nuevos proyectos de infraestructuras, para albergar eventos deportivos y de entretenimiento, así como de inversión.
Otro factor a tomar en consideración es el clima, que es predominantemente desértico y extremadamente caluroso, con variaciones según la región, y que en el caso de la región del Najd (donde se encuentra Riad) de temporada estival comprendida entre mayo y septiembre, las temperaturas se mantienen superiores a los 42 grados diarios. Este hecho favorece la proliferación de actividades en recintos cerrados, mayoritariamente cafeterías, centros comerciales o en los propios hogares. Las calles de Riad están vacías y la gente no suele pasear o callejear por ellas, exceptuando parques y terrazas de restaurantes tras el anochecer en épocas de calor o indistintamente durante el invierno.
La condición climatológica altamente desfavorable durante la mitad del año limita la oferta de entretenimiento y ocio en la capital. La Riyadh Season, uno de los festivales deportivos, culturales y de entretenimiento más grandes del mundo se inicia anualmente a mediados de octubre y se mantiene hasta marzo-mayo, aprovechando la época más agradable.
En definitiva, la actividad social se reduce mayoritariamente a los espacios interiores debido al calor extremo, donde gracias a los extensos sistemas de aire acondicionado se facilita el desarrollo de la vida humana, convirtiendo además a la sociedad saudí en noctámbula, ya que los centros comerciales, tiendas y áreas de restauración permanecen abiertas hasta primeras horas de la madrugada, aprovechando el movimiento de personas que acontece al ponerse el sol, precedido por el inhóspito ambiente matutino y vespertino.
Hacer referencia al té o al café saudí es una mención obligatoria, ya que junto con los dátiles estos ocupan un lugar central en las reuniones sociales y la hospitalidad. El consumo por los árabes de estas dos bebidas es constante a lo largo del día, acompañado habitualmente por los frutos de palmera nombrados anteriormente y conversaciones pausadas.
Igualmente, se aprecia una relación de esta joven sociedad con los automóviles que va más allá de la simple necesidad del transporte. Los hombres se sirven de estos como si de una extensión más de su cuerpo se tratase, alcanzando el grado de devoción. Los jóvenes pueden pasar horas frente al volante dando vueltas por la ciudad con un café o refresco a mano, en compañía de sus amigos y al ritmo de música árabe. Esta afición se ve influenciada por los tradicionalmente bajos precios de los combustibles fruto de la subvenciones estatales. Por ejemplo, a finales de la década de los 2000 y principios de los 2010, la gasolina de 91 octanos costaba tan solo 0,12 USD el litro y el diésel 0,07 USD.
Siguiendo con el contexto cultural, se puede afirmar que la familia lo es todo en la sociedad saudí. Las distintas y numerosas ramas de un mismo linaje, por muy lejanas que sean las unas de las otras en parentesco, mantienen un sentimiento de identidad y pertenencia que no se aprecia en las naciones europeas. Eventos de gran envergadura como el Ramadán o los matrimonios actúan como punto de encuentro y reafirmación de los lazos entre primos de distintos grados y sus herederos.
La tribu o qabila, es también un pilar fundamental para la cohesión social. Si bien en España y las sociedades occidentales el término ¨tribu” puede parecer extraño o incluso peyorativo, al tratarse nuestros países de estados romanizados (derecho romano comunitario sustituyendo cualquier norma tribal anterior), con historia feudal (lealtad a un señor concreto por vivir en sus dominios y no por sangre) y más tarde centralizados bajo la autoridad de un monarca absoluto; en Oriente Medio, y a pesar de los procesos de modernización del siglo XX, la identidad tribal continúa fuertemente arraigada, y si bien convive con la identidad nacional (los saudíes hablan de su país, su cultura, religión y sus líderes con mucho orgullo y cariño), esto afecta a cuestiones como el matrimonio o las costumbres.
En el caso del matrimonio, muchas familias, especialmente de origen beduino, prefieren que sus hijos y nietos se casen con parientes dentro de la familia para preservar la ¨pureza racial¨, rechazando no sólo a individuos con orígenes étnicos diversos o confusos, sino también aquellos de otras tribus o regiones de Arabia con una ascendencia bien definida.
La pasión de los saudíes en la genealogía hace una práctica habitual la posesión de un registro de los ancestros directos remontándose muchas generaciones atrás como prueba de sus orígenes, algo fundamental antes de casarse. Como curiosidad, en el sitio arqueológico de Diriyah, a las afueras de Riad, bastión de los Saud, la dinastía gobernante, durante su histórica lucha por el control del centro peninsular, un museo expone el árbol genealógico de los monarcas.
El país no es homogéneo culturalmente, aunque prácticamente en la totalidad respecto a la rama del Islam que se sigue (Islam sunita de doctrina wahabí), existiendo distintas vestimentas regionales, dialectos de la lengua árabe, costumbres, particularidades gastronómicas y étnicas. Sobre esto último, se distinguen diferentes tonalidades de la piel en la población local: Entre ellas destaco la olivácea, comúnmente asociada a los árabes; la piel oscura, en árabes con antepasados en el África subsahariana y que es propia de los llamados ¨afroárabes¨; y la bronceada, característica de la frontera sur con Yemen. La existencia de distintos rasgos afecta a cómo estas comunidades interactúan entre ellas y sus respectivos estatus socioeconómicos.
Con estas palabras he querido adentraros en el corazón de la sociedad de Arabia Saudita, asentada sobre unos principios que aunque puedan sonar arcaicos o anacrónicos a muchos de vosotros para el siglo presente, permanecen como nexos imprescindibles entre todos sus ciudadanos y dotan a sus miembros de una identidad y cohesión que nosotros obtenemos por otros medios. La divergencia se encuentra en el tribalismo, que con su ausencia en Europa y presencia en Oriente Medio, ha moldeado el proceso de constitución de los estados-nación y por tanto, de los actores internacionales en el mundo contemporáneo.