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Corresponsalía – Nápoles, demasiado viva para convertirse en postal

Realizado Carla Prieto Suárez. Estudiante del doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo.

Las calles napolitanas. Fuente: propia

Caos, ruido, movimiento… sobre todo movimiento. Y ruido. Y caos, mucho caos. Un fin de semana en Nápoles me sirvió para entender qué es eso que la hace tan atractiva. Porque no lo vamos a negar, no es una ciudad deslumbrante o impresionante como pueden serlo otras en Italia, sin embargo, tiene algo que seduce, que atrapa. Genera una especie de contradicción: deseas salir corriendo de tanta agitación, pero a la vez quieres pertenecer a ese ritmo, formar parte de esa dinámica.

Nápoles tiene su esencia. Es muy del sur, es anárquica, las carreteras no parecen tener normas y en sus calles se las saltan. Si hay dos fachadas enfrentadas, hay espacio para colgar banderines, pancartas y mensajes que elogian la sangre napolitana. Fachadas, por supuesto desconchadas y en las cuales, los tendederos nos reflejan que la vida se lleva a cabo, aunque tú estés de paso. Murales, pintadas y altares decoran las esquinas y representan todo lo que la ciudad tiene que decir.

Altanero, no muy lejos se eleva el Vesubio. Siempre me será fruto de fascinación que una ciudad pueda convivir pasivamente con un volcán, que de vez en cuando les recuerda que la tierra está viva. Remueve a la ciudad y agita a una ciudadanía ya de por sí agitada.

En una ciudad con estas características, no sorprende que la fe haya encontrado una forma distinta de manifestarse: su Madonna se escribe con dos letras de más y se le llama Maradona. El vínculo entre la ciudad y el futbolista argentino es demasiado grande para ser olvidado con el tiempo. Probablemente, cualquier napolitano se enfrentaría a mí por tratar a su ídolo de mero futbolista y no de estrella o incluso dios. 

Por muchas veces que me lo hayan explicado, todavía no sé lo que es un fuera de juego; eso me expone como lo poco entendida y seguidora del fútbol que soy. Aun así, soy capaz de entender la veneración de Diego Armando Maradona. El argentino llegó a un equipo mediocre para llevarlo a lo más alto. Sin embargo, eso no pareció lo más importante; el ascenso del SSC Napoli supuso la revancha de los olvidados, la rebeldía del sur contra los gigantes del norte. Maradona dotó a la ciudad de algo más importante: una identidad.

Siendo sinceros, no se la dio, sino que enalteció la que ya poseía. Al llegar, el argentino se planteó un propósito: “Quiero ser el ídolo de los niños pobres de Nápoles porque ellos son como yo de chiquito”. Sus orígenes humildes en Buenos Aires junto a su personalidad rebelde e imperfecta fueron la clave para que Nápoles se reconociera en él. Era humano y los napolitanos lo supieron ver.

Pese a su salida del club e incluso su muerte, la leyenda permanece con vida entre sus calles. Los murales y altares que antes nombraba se reparten entre vírgenes y el dios azzurro.

Dios existe. Fuente: Get Your Guide

Elena Ferrante escribió en algún momento que Nápoles es una ciudad demasiado viva para convertirse en una postal. Es mucho más que un punto en el mapa de ciudades que has visitado o un puñado de fotos en tu galería; algo dentro se remueve cuando perteneces, aunque sea durante un par de días, a la revolución napolitana. Quizás la clave está en que Nápoles no intenta gustar, solo ser capaz de sobrevivir a su propio conflicto entre dinamismo, violencia emocional y pasividad sureña… y existir.

REFERENCIAS

Moschella, A. (s.f.). El eterno legado de Maradona en Nápoles. Líbero. https://revistalibero.com/blogs/contenidos/el-eterno-legado-de-maradona-en-napoles (revistalibero.com)

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