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El veto en la UE: la tensión del proyecto común europeo

Realizado por Rebeca Rodríguez Abad. Estudiante de Relaciones Internacionales y Periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos.

El veto en la Unión Europea permite a cualquier Estado miembro bloquear decisiones que requieren unanimidad en el Consejo. Hungría ha sido un ejemplo de que la defensa de los intereses soberanos de cada Estado choca con la necesidad de acción común, mientras los actores externos condicionan indirectamente las decisiones vetadas. Pero no es algo único: históricamente, el veto se ha impuesto por muchos Estados en desacuerdo con ciertas decisiones. Incluso cuando se alcanzan consensos sin unanimidad, las discrepancias entre los miembros persisten y se trasladan al resto de ámbitos en las relaciones entre Estados.

The veto in the European Union allows any member state to block decisions requiring unanimity in the Council. Hungary has been one example of how the defense of sovereign interests of each state clashes with the need for common action, while external actors indirectly condition vetoed decisions. But this is not unique: historically, the veto has been imposed by many states disagreeing with certain decisions. Even when consensus is reached without unanimity, disagreements among members persist and shift to other areas of inter-state relations.

Edificio del Parlamento Europeo. Fuente: freepik.

Tras la salida de Viktor Orbán del poder y del Fidesz en las elecciones del pasado 12 de abril de 2026, el ascenso de Peter Magyar ha sido recibido en Bruselas como un posible punto de inflexión. Durante los dieciséis años que Orbán ha estado en el poder, Hungría ha representado una de las posiciones más firmes y recurrentes en el uso del veto de la Unión Europea. Concretamente, el Estado húngaro acumula 21 de los 48 bloqueos registrados.

Decisiones vetadas: ¿defensa o estrategia?

Este derecho de veto concede a los veintisiete la potestad de bloquear decisiones en el seno del Consejo cuando los tratados exigen unanimidad, en lugar de mayoría. Resulta una práctica controversial, ya que basta con que un Estado ejerza el veto para impedir que las medidas se adopten. Aunque es una herramienta necesaria para proteger los intereses soberanos, acogerse al derecho de veto se ha convertido en un bloqueo estratégico, debido a la convergencia de la necesidad de unión entre los miembros para tomar decisiones y la predilección por los asuntos internos. De hecho, la mayoría de decisiones paralizadas han resultado ser sobre Política Exterior, presupuestos y procesos de ampliación, que claramente responden a grandes alianzas geopolíticas que hay detrás: se decía que Orbán era el brazo de Vladimir Putin en el seno de la Unión, por su oposición a las propuestas de sanción a Rusia y de ayuda a Ucrania. También Chipre, en 2020, bloqueó las sanciones a Bielorrusia para forzar a la UE a tomar medidas contra Turquía por sus intromisiones en aguas territoriales chipriotas.

Proyecto europeo para todos

Pero más allá de las intenciones de los dirigentes, el uso del veto nos remite a la naturaleza de la propia Unión Europea. La dificultad para alcanzar acuerdos no es una anomalía, sino que es consecuencia lógica de una unión de tantos Estados soberanos con prioridades particulares. Por ello, los bloqueos no es que creen diferencias, sino que las muestran, haciendo visibles los límites reales de la negociación.

Lo que no siempre tenemos en cuenta es el factor geopolítico; el entorno en el que se construye la Unión. Por tanto, las decisiones de los Estados miembros -y su oposición a las mismas- no se toman en aislamiento, sino que ocurren en un marco de relaciones estratégicas que condicionan sus posturas: acuerdos con actores no europeos que influyen en las políticas comunes de Europa. Por eso, aunque formalmente solo participan los miembros, el peso de actores externos se evidencia de manera indirecta a través de la movilización de recursos, de la toma de decisiones… y del veto. Todo esto añade complejidad al funcionamiento del proyecto europeo y cuestiona su sentido; pues, ¿qué lógica tiene deliberar entre veintisiete Estados si las decisiones responden, en última instancia, a intereses ajenos a esa mesa? Pero, en la otra cara de la moneda, ¿cómo pueden los Estados proteger plenamente sus intereses nacionales -incluidas sus relaciones exteriores-, si esos actores no están presentes en las negociaciones? Así, si un sector de la UE no asume que parte de su soberanía se negocia con externos, y el otro no acepta que el criterio a seguir es el bienestar de los ciudadanos europeos por encima de cualquier interés externo, el veto se convierte en una ficción.

Entre lo común y lo divergente

En esta misma línea, cuando los Estados avanzan sin exigir unanimidad, las tensiones no desaparecen, sino que se reconfiguran. Por ejemplo, el acuerdo UE-Mercosur, cuya entrada en vigor está prevista para el 1 de mayo, demuestra que se puede impulsar algo conjunto pese a las reservas de países como Francia, que no reaccionan solo ante efectos económicos internos, sino también ante la estrategia: el impacto del acuerdo en su propio status quo. Es decir, incluso cuando la Unión adopta una postura común, las discrepancias persisten de forma menos visible, trasladándose a otros planos del debate político y diplomático.

Las medidas se proyectan hacia el exterior bajo una imagen de conjunto, percibiendo a la UE como bloque único, aunque internamente existan desacuerdos. En el fondo, lo que está en juego es cómo se entiende Europa. No es un aspecto técnico, sino que ahonda en cómo se articula una Unión donde el veto y la unanimidad expresan la soberanía de cada Estado. En ese hilo delicado, mantener el bloqueo puede proteger intereses nacionales, pero también condiciona la acción común. Suprimir o limitar el veto, como proponen algunos representantes, sí podría dar dinamismo, pero no resolvería las tensiones; solo cambiaría dónde y cómo se expresan.

La Unión Europea es un espacio en constante cambio, donde el consenso convive con la tensión continua, algo que el veto ha dejado claro. Lejos de ser fija, se ajusta a un entorno político cada vez más complejo. Su fuerza no está en la ausencia de desacuerdos, sino en gestionarlos sin perder la cohesión. Por eso, cuando Magyar se estrene en Bruselas, el problema no será si veta más o menos, sino si todos se disponen a reconocer que el veto es un espejo de lo interno y también de lo externo. Cualquier cambio en las reglas de la Unión y en los dirigentes de sus Estados miembros acaba cambiando también lo que significa este proyecto común.

Redacción. (2026, 13 abril). El opositor Péter Magyar gana las elecciones en Hungría y pone fin a 16 años en el poder de Orbán, aliado de Trump y Putin. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/cly7xjewqjgo

Batista Cabanas, L., & Heinz, E. (2026, 31 marzo). La trampa de la unanimidad, qué es el veto de la UE y por qué es tan difícil reformarlo. Euronews. https://es.euronews.com/my-europe/2026/03/31/la-trampa-de-la-unanimidad-que-es-el-veto-de-la-ue-y-por-que-es-tan-dificil-reformarlo

Sánchez, R. (2026, 13 abril). Bruselas se libra de Orbán, el hombre de Putin en Europa. Diario ABC. https://www.abc.es/internacional/sistema-orban-20260412040812-nt.html

Jaime.Colebrook. (2024, 30 noviembre). ¿Cómo librarse de los vetos en la Política Exterior y de Seguridad de la UE? Política Exterior. https://www.politicaexterior.com/como-librarse-de-los-vetos-en-la-politica-exterior-y-de-seguridad-de-la-ue/

Welle, D. (2020, 21 septiembre). Cyprus blocks EU sanctions against Belarus. dw.com. https://www.dw.com/en/cyprus-blocks-eu-sanctions-against-belarus/a-55001174

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