ORGANIZACIÓN PARA EL FOMENTO DE LOS ESTUDIOS INTERNACIONALES

Corresponsalía – Mudarse al corazón del Islam

Realizado por Rafael Loro Penella. Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos

Hasta hace unos años Arabia Saudita se sentía como un país lejano y desconocido para la sociedad occidental, quizá incluso despertase sentimientos negativos o rechazo. Hoy sin embargo, Arabia es sinónimo de fútbol, añadido a los ya preexistentes estereotipos de riqueza y petróleo.

Existe una prueba inescrutable para determinar si una persona ha visitado o si conoce acerca de “el Reino”, como allí comúnmente se le llama: Si cuando al mencionar el nombre de este país del Golfo tu oyente con entusiasmo se apresura a nombrar la ciudad de Dubái, tienes una responsabilidad moral de convencerle de que necesita por lo menos una vez en la vida disfrutar de la comida, desierto, música, gente y mar saudíes.

Me considero un afortunado como estudiante de Relaciones Internacionales al poder atestiguar los cambios que están transformando la sociedad de este país y que serán estudiados en los libros de historia. Desde el ascenso al trono de S.M. el Rey Salmán en 2015 y posterior designación de su hijo, S.A.R el príncipe Mohamed Bin Salmán como príncipe heredero en 2017 y primer ministro en 2022, se respiran aires de cambio en una monarquía absoluta que por muchos escritores ha sido considerada como una teocracia.

Lo cierto es que la religión es el centro de la vida de los saudíes. El Corán y la Sunna son conjuntamente la constitución del reino según el artículo 1 de la Ley Básica de 1992. Y no es de extrañar el apego a las enseñanzas mahometanas, ya que el profeta del Islam nació, predicó y murió dentro de las fronteras que hoy comprenden la nación árabe. Además, su libro sagrado está escrito en árabe, una lengua originaria de la Península Arábiga donde se sitúa esta monarquía.

Y no menos importante, su territorio soberano incluye las ciudades de Meca y Medina, lugares sagrados para los fieles musulmanes. Esto último supone que en la práctica, casi dos mil millones de personas en todo el planeta Tierra rezan en dirección a Arabia Saudita. Añadido a las miles de mezquitas que inundan las calles del país, destacan las salas de oración en aeropuertos e incluso centros comerciales.

Si en algún momento el lector tuviese la posibilidad de conducir desde Riad, la capital, hasta Damman, en la costa del Golfo Árabe, comprobaría que cuando el reloj marca la hora de rezar – unas cinco veces durante el transcurso del día– los arcenes carcomidos de arena por un desierto amenazante que desplaza sus dunas mediante la dirección del viento, se convierten en improvisados aparcamientos en los cuales los ciudadanos realizan su oración sobre una alfombra. Todo esto en medio de la nada. Las voces de los almuédanos chocan las unas con las otras desde sus minaretes a la hora del Fajr, Dhuhr, Asr, Maghrib e Isha. A través de megafonía, aquellos en el interior de los centros comerciales y principales aeropuertos del país también son avisados para así poder cumplir con su obligación religiosa.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido el respeto de forma masiva de un estricto código de vestimenta de acuerdo con el principio de modestia islámico, si bien la ley ya no lo exige. Tanto en invierno como en verano, la amplia mayoría de hombres visten con una túnica de cuerpo entero y mangas largas normalmente blanca llamada thawb que suele ir acompañada de un pañuelo rojo llamado shemagh, un conjunto multiusos tanto para un contexto formal como informal.

En el caso de las mujeres, aunque ya no es obligatorio, una abrumadora mayoría viste de abaya negra, la cual asegura la cobertura completa del cuerpo, además de un velo facial llamado niqab, que tan solo permite ver los ojos de la mujer mediante una abertura horizontal, tapando pelo, boca, nariz y orejas.

La segregación de géneros es rigurosa: las escuelas y universidades, hospitales e incluso el metro procuran el respeto de este principio sagrado para la sociedad. En Riad, lugar donde me mudé en el último cuatrimestre del 2025, se distingue la Universidad Rey Saud para hombres y la Universidad Princesa Noora para mujeres. Igualmente, existen hospitales enteros destinados al uso sanitario masculino y paralelamente otros destinados al público femenino.

Asimismo, quien se decante por el uso del metro en la capital del estado, una impresionante y moderna red de trenes sin conductor inaugurada a finales de 2024 y que cuenta con seis líneas, a cada una asignada el nombre de un color, deberá prestar atención a los paneles superiores en los andenes, ya que existen tres tipos distintos de vagones habilitados para diferentes colectivos sociales: “primera clase”, en el cual se ofrecen cómodos asientos por el pago de un billete más caro; “familia”, en el cual se sitúan las mujeres así como los matrimonios; e “individual”, vagones habilitado para los hombres.

Después de haber tenido la oportunidad de conocer varios países europeos, Arabia Saudita se ha destacado colosalmente por su distinta cultura, religión, naturaleza, forma de gobierno y área geográfica. Puedo decir que ha cambiado mi vida. Y todavía son muchas las cosas que contaros.

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