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Corresponsalía – El oso ruso acecha: la perspectiva de seguridad en Europa del Este

Realizado por Daniela Vázquez Manzanares. Estudiante del Doble Grado de Periodismo y Relaciones Internacionales

Desfile militar en Rynek, Wrocław. SHOX Art.

El 9 de septiembre de 2025 alrededor de 20 drones invadieron el espacio aéreo polaco. Esta violación sin precedentes mantuvo en vilo al país hasta el día siguiente, momento en el que el último de estos aparatos fue derribado por un F-15 holandés. Apenas una semana después, el responsable de la incursión volvió a probar suerte; tres MiG-31 rusos sobrevolaron Estonia durante 12 minutos. Ese mismo día, dos cazas violaron la zona de seguridad de la plataforma Petrobaltic, ocupando así la Zona Económica Exclusiva de Polonia.

La regularidad y escalada de estas operaciones fue motivo suficiente para que Varsovia activase el Artículo 4 de la OTAN y solcitase la celebración de una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU que abordase la cuestión. En este encuentro, Radosław Sikorski, ministro de Asuntos Exteriores polaco, se mostró tajante:

“Solo tengo una cosa que pedirle al gobierno ruso. Si otro misil o avión entra en nuestro espacio sin permiso, ya sea intencionada o accidentalmente, y es derribado y los restos acaban en territorio de la OTAN, no vengáis aquí a quejaros. Quedáis avisados.”

Yo, al igual que otros muchos estudiantes españoles, estaba a apenas dos semanas de irme a vivir a Polonia. Me acuerdo de los centenares de mensajes intercambiados durante esos días en los que quedaba patente cierto grado de preocupación. Una chica llegó incluso a ponerse en contacto con el consulado, que le respondió en tono tranquilizante que las recomendaciones generales de viaje no se habían visto alteradas por el incidente. Polonia era un país seguro. O por lo menos, no menos seguro que España. Me vienen a la cabeza las palabras de Mark Rutte, actual secretario general de la OTAN, cuando afirmaba que los misiles supersónicos rusos de última generación son capaces de atravesar Europa a cinco veces la velocidad del sonido y por lo tanto tardan apenas cinco minutos más en llegar a Madrid que a Tallín o Vilna. Sin embargo, aunque este es el dato objetivo, raramente se percibe así. Por primera vez, la escalada del conflicto se me aparentaba no sólo posible, sino también cercana. Desde que vivo en Wrocław, esta convicción se ha visto reforzada; ¿por qué?

En Polonia, es imposible distanciarse de la amenaza rusa. Dos días después de mi llegada a la ciudad decidí que había llegado el momento de explorarla. Al llegar a la Rynek1, bajé hacia Plac Solny para disfrutar de los fragantes puestos de flores. Siguiendo en esa dirección, me encaminé a la esquina derecha de la plaza, donde hay un pequeño callejón que da a parar a uno de los restaurantes más emblemáticos de la ciudad. Me llevé una sorpresa al ver que la fachada del local había sido cubierta con un mural que representaba a Putin esposado bajo el título de “asesino” escrito en alfabeto cirílico.

Plaza del Mercado

El lunes siguiente, me dirigí por primera vez a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Wrocław, ubicada a las afueras de la ciudad en una calle llamada Koszarova. El nombre evoca su pasado reciente; hasta hace relativamente poco, el complejo de edificios en el que asisto a mis clases era una base militar soviética. Aún a día de hoy se escuchan silbidos de balas que rompen el ensimismamiento de los descansos. No es que los pasillos sigan siendo transitados por espíritus de oficiales provenientes de otros tiempos, sino que la proximidad a una academia militar es recordada con cada tiro. O con cada trayecto en bus, que siempre comparto con al menos un grupo de cadetes.

Lo cierto es que el 4,7% en gasto en defensa de Polonia es un porcentaje que se vive. En España, el rearme es una opción que se desea evitar; en el flanco este, es la única alternativa. Nosotros optamos por una transición hacia la autonomía estratégica de Washington; aquí la alianza transatlántica es la única garante real de seguridad. Estas visiones desalineadas de los intereses estratégicos y medios para alcanzarlos son patentes a cada paso. Sin embargo, como países miembros de la Unión Europea, y por ende parcialmente integrados, las diferencias no debieran ser tan evidentes. La falta de cohesión en política de seguridad y defensa entre aliados nunca se me había hecho tan evidente; ni tan peligrosa.

Bruselas tiene que saber abordar las preocupaciones de Varsovia sin permitir que estas imperen sobre su dirección estratégica. El oso ruso acecha, sí, pero no es el único. Europa debe estar unida ante todas sus amenazas si quiere superarlas.

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