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Irán convulsiona: ser iraní a 4000 kilómetros de distancia – Capítulo 2

Realizado por Carla Prieto Suárez. Estudiante del Doble Grado en Relaciones Internacionales y Periodismo

CAPÍTULO 2: UN CAPPUCCINO Y UN EXPRESO MARTINI

Simin tiene el día libre, así que salimos de casa para disfrutar de los rayos que el sol nos ofrece estos días de frío invernal. Nos sentamos en una cafetería. Pido un cappuccino; ella, un expreso martini: busca algo más fuerte.

Entre el ruido de las tazas y la música de fondo ambas buscamos la mejor traducción al inglés de lo que queremos decir para llegar a entendernos. “Irán es un país muy muy rico en cultura y siento que durante estos años de régimen lo están borrando todo”. Es clara, culpa a la religión, a que se imponga un pensamiento con márgenes muy limitados a una población que casi en su totalidad reniega de toda creencia.

“Les están quitando a los ciudadanos la parte positiva de la religión”. Explica que los iraníes se distancian de lo religioso al identificarlo con el sistema que ha llevado al país a la situación desoladora en la que se encuentra. “Política y religión nunca deberían ir de la mano… deja a la gente ser libre de creer lo que quieran, pero no se lo impongas ni trates de convencerles de tu superioridad por ser creyente”.

Simin continúa defendiendo su postura y me habla de una de aquellas veces en las que fue ridiculizada en plena calle. Volvía del gimnasio y en su recorrido de vuelta a casa pasaba por delante de una mezquita. Un hombre, acompañado por sus dos mujeres, salía del templo cuando ella cruzaba frente a él. Venía de entrenar, llevaba ropa cómoda, su camiseta dejaba el abdomen parcialmente al descubierto y, por supuesto, no llevaba velo. “No fueron capaces de controlar el impulso de gritarme y juzgarme por ello”, recuerda. Insiste en lo harta que está la población ante este tipo de situaciones. “Si se materializa el fin del régimen, estoy convencida de que Irán será el estado más secular que puedas llegar a imaginar”. Hablamos de cómo funciona el ser humano y cómo, si se le obliga a seguir un camino estricto prohibiéndole todo tipo de desvío, multiplicará sus ganas por buscar nuevas rutas. Eso es lo que ha pasado, según ella, y lo que con el tiempo se ha traducido en el desarrollo de un profundo desapego hacia la religión. “Los iraníes nos hemos dado cuenta de que no queremos el islam si el islam significa esto”.  

Y ahí seguimos, tratando de solucionar el mundo entre sorbos con sabor a café.

Me sorprende que ella no categorice como revolución lo que está sucediendo en las calles iraníes. “Estos son pasos importantes que se dan en la dirección correcta, pero para mí la revolución se dará cuando caiga el régimen”.

Hablar del futuro resulta inevitable. ¿Crees posible la democracia en Irán? Ella lo ve viable, pero sus estudios en sociología la han llevado a dudar de la eficiencia plena del sistema democrático. “No creo que sea el mejor sistema: no todos tienen la capacidad suficiente para decidir sobre el futuro de un país. Pero, hasta ahora, no hemos encontrado una forma de gobierno mejor”.

Entre risas, porque a veces son mucho mejor opción que las lágrimas, dice “de todas formas, no puede venir nada peor de lo que tenemos ahora, así que lo tienen fácil”.

Le pregunto por algo que me ha generado gran curiosidad desde que las conozco y es que, cuando alguien les pregunta su procedencia, en la mayoría de los casos responden: “soy persa”. Por un lado, Persia es la antigua y rica civilización que, bajo un extenso imperio, se extendía en gran medida por el territorio del actual Irán, país que siguió siendo denominado Persia hasta 1935. Esta civilización acoge una historia milenaria anterior al islam. Su nombre se asocia con la cultura y remite a la poesía, al arte y a los antiguos imperios. Por otra parte, ser iraní implica vivir bajo un régimen que sus ciudadanos detestan y en el que no se ven representados, pero que durante estas últimas décadas se les ha presentado como inamovible. “A mí me es indiferente, yo soy iraní, pero es verdad que muchos prefieren apelar a la identidad cultural para alejarse del régimen”.

Si algo me deja claro es que los ciudadanos apoyarán todo lo contrario a lo que defienda Jamenei y su administración. En conversaciones anteriores habíamos debatido sobre el conflicto palestino-israelí, porque a ellas les toca más de cerca. Irán llegó a ser bombardeado por Israel durante el desarrollo de la contienda. Aun así, “el pueblo está del lado de Israel porque el gobierno apoya a Palestina… y el pueblo no respalda nada de lo que apoye el gobierno”. La auténtica oposición son sus propios ciudadanos que ya no se quedan callados mientras sus vidas se están viendo coaccionadas.

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