Realizado por Iciar Mañas Artuch. Estudiante del Doble Grado en Periodismo y Relaciones Internacionales

Tampoco yo me esperaba este título. Ni que fuese porque así se conoce a Zagreb, la capital de Croacia. Tal vez sea un poco culpa de los estereotipos, que me hicieron pensar que los croatas eran gente seria y reservada o que me mudaba a una ciudad “sin vida”. Pero todo lo contrario.
Para empezar, esta capital es conocida como “la ciudad de los mil corazones” ya que su símbolo es el “corazón licitar”. Se trata de un dulce de jengibre decorado con colores llamativos que los chicos tradicionalmente regalaban a las chicas como forma de declarar su amor. Esta galleta se ha convertido con los años en un símbolo de Croacia y fue declarada Patrimonio Intangible por la UNESCO en 2010. Por supuesto, es también una muestra de la calidez, amabilidad y hospitalidad de los croatas. Así, sin darte cuenta, entiendes por qué ese corazón terminó representando a todo un país.
Elegí esta ciudad principalmente porque estaba bien situada para luego viajar por el resto de Europa. Y me he acabado enamorando. ¿Sabías que en Croacia también es típico, como en España, salir a tomar café y pasar horas y horas cotorreando? Para nada era esta una de las imágenes que tenía en mi mente. Además, esta ciudad es considerada la “sala de estar de Europa”: hay ambiente en cada calle. Jóvenes y ancianos, en cada mercado de flores, frutas o antigüedades, y cada parque hacen de Zagreb una ciudad dinámica, pero a la vez serena. Su gente es muy tranquila; nada que ver con las prisas, el agobio o el cansancio al que estaba acostumbrada en Madrid.
Diría que el gran corazón de esta ciudad reside en una pequeña capilla que se encuentra en la Puerta de Piedra. Se trata de un pasadizo medieval que une el pasado con el presente, donde historia, vida cotidiana y, sobre todo, fe se entrelazan. Fue construida en el siglo XIII como parte de las murallas de Gradec –o Ciudad Alta, ya que Zagreb quedaba dividida por un río que separaba dicha parte de Kaptol o la Ciudad Baja.
Como en todas las historias, los habitantes de cada una de las partes que hoy forman Zagreb estaban enfrentados. Sin embargo, en 1731, un gran incendio destruyó gran parte de la ciudad. Cuenta la leyenda que, de manera milagrosa, una imagen de la Virgen María con el Niño quedó intacta. Este hecho consiguió unir a los ciudadanos de Gradec y Kaptol y transformó la Puerta de Piedra en un lugar de peregrinación.
Por cierto, el color de las ropas de la Virgen que sobrevivió eran azules, el color oficial de Zagreb. Tan oficial que todos sus tranvías son azules, forma parte del escudo y bandera y los jugadores del equipo de fútbol –el Dinamo Zagreb– se apodan “los azules”.
Aunque no todo va a ser enamorarse y pensar en corazones. En Zagreb te puedes encontrar con cualquier museo de lo más peculiar en cualquier rincón, como el Museo de la Resaca o el Museo de la Risa. Pero aquí venimos a hablar del Museo de las Relaciones Rotas. Este comenzó como un proyecto de arte de dos artistas de Zagreb. El escultor Dražen Grubišić y la productora Olinka Vištica transformaron su ruptura sentimental en un proyecto artístico que comenzó como una broma y se convirtió en una exposición pública en 2006. Usaron objetos personales y recuerdos de relaciones pasadas y el proyecto llamó la atención internacional. Así, realizaron una gira mundial, creciendo con aportes de personas de todo el mundo.
En fin, no sabía qué esperar de Zagreb, la verdad. No investigué antes de venir y mi primera impresión resultó en un pensamiento de querer volver a casa (llegué un día nublado y no paraba de llover). Sentí de repente que mi Erasmus no iba a ser la experiencia de la que todo el mundo hablaba. Sin embargo, me ha pasado como cuando conoces a una persona que al principio te cae mal, y después os convertís en mejores amigas.