Realizado por Adrián Oprea Gera. Estudiante del Grado de Relaciones Internacionales

Al suroeste de Alemania se encuentra Passau, una calmada ciudad fronteriza con Austria, desde la que se puede llegar a Viena en tan sólo 2 horas. Passau, al igual que muchas otras ciudades centro europeas, se ve atravesada por el Danubio provocando que la ciudad se encuentre dividida tanto por el propio este, como por otros dos ríos más, siendo estos el Ilz y el Eno, dándole a Passau el nombre de la ciudad de los tres ríos. Y es que en está calmada ciudad en 1894 ocurrió un suceso tanto anecdótico como remarcable que podría haber cambiado el rumbo de la historia moderna del siglo XX tal y como la conocemos.
En la navidad de 1894, el periódico Donauzeitung publicaba un recorte en el que se contaba el suceso de que un niño de tan solo 4 años caía a las gélidas aguas del río Eno y era rescatado por uno de sus compañeros. En el momento, el periódico no mencionó el nombre del pequeño, pero hay numerosos hechos que nos hacen ver que aquel niño era Hitler.
Ese enero de 1894, mientras que un manto blanco se cierne sobre la pequeña ciudad de Passau, un grupo de niños salieron a jugar como de costumbre a las orillas del congelado río, cuando Max Tremmel, el cual acabaría siendo sacerdote y uno de los mejores organistas de Europa, vio como un trineo desgobernado con cuatro jovenzuelos a bordo se deslizaba por un declive y chocaba de frente con el tronco de un grueso abedul, en ese momento uno de los chicos fue arrojado varios metros adelante Por el impacto, el peso del cuerpo abrió una brecha en el hielo fino y fue tragado por el agua helada. Sería uno de los otros jóvenes que se encontraba jugado en la nieve quién rescataría al joven Hitler.

Los detalles de esta historia fueron contados por el propio Max en 1980 poco tiempo antes de su muerte, asegurando que fue Johann Huehberger quien salvó a Hitler. Aunque el mismo Adolf nunca mencionó aquel episodio, sí aparece recogido en el libro ‘Saliendo de Passau: la ciudad que Hitler llamó ‘su casa», escrito por Anna Elisabeth Rosmus, investigadora del Parido Nacional Socialista a la par que oriunda de esa urbe, quien lo mencionaba.

En ese libro Rosmus nos cuenta justamente que mientras jugaba con un grupo de niños en 1894 «el pequeño Adolf cayó en el río», y que fue el hijo del propietario de la casa en la que residía Hitler, Johann Huehberger, quien lo salvó.
Hay más hechos que nos pueden confirmar la veracidad de esta historia, como que el propio Hitler contaba como de pequeño jugaba a cowboys a las orillas de este río aunque sí que es verdad que nunca se menciona esta historia.
Este suceso en la tranquila Passau, más allá de la confirmación histórica, es un potente recordatorio de que la realidad pende a menudo de hilos increíblemente finos: una grieta en el hielo o la rápida acción de un compañero de juegos se erigieron como el punto de inflexión que pudo haber reescrito la historia del siglo XX. Es innegable que el rescate de aquel niño en 1894 se consolida como una de las casualidades más trascendentales y aterradoras de las que se tiene constancia, obligándonos a reflexionar sobre el peso monumental que una pequeña, y casi olvidada, anécdota fronteriza puede llegar a tener en el destino global.