ORGANIZACIÓN PARA EL FOMENTO DE LOS ESTUDIOS INTERNACIONALES

Corresponsalía – Vratislav, Breslau, Wrocław

Realizado por Daniela Vázquez Manzanares. Estudiante del Doble Grado de Periodismo y Relaciones Internacionales

O Breslavia, que así es como originalmente conocí a la ciudad que hoy me alberga. Esta denominación no ha entrado en el título porque, tal y como se puede intuir, se trata de una adaptación del nombre alemán, Breslau. Todos los municipios de la región de Baja Silesia cuentan con varias versiones, y no puramente nominales. Hablan de la convulsa historia de una región disputada durante siglos, de todos y de nadie al mismo tiempo. En este caso, la capital no difiere de la norma.

Lo cierto es que antes de llegar a Wrocław estaba bajo la impresión de que me dirigía a una ciudad que durante siglos fue alemana y que ahora era habitada por polacos como resultado de un pulso geopolítico. Eso era en parte lo que me llamaba la atención; iba a un lugar con un pasado paralelo al de su población. Los caminos de ambas partes apenas llevaban ochenta años cruzados, desde que en la Conferencia de Yalta los líderes aliados decidieron desestructurar Alemania y acceder a la anexión del Kresy por parte de la Unión Soviética. Las tierras fronterizas del Este por las regiones de Silesia y Pomerania Occidental. Lwów (Leopolis en Ucrania) y Wilno (Vilna) por Breslau (Wrocław) y la ciudad libre de Danzig (la actual Gdansk)1. Fronteras artificiales diseñadas por unos pocos que crearon nuevas realidades para millones de desplazados. El novelista polaco Tomasz Jędrowski logró captar esta traumática ruptura entre el antes y el después en el inicio de su novela debut;

“Ni siquiera habían pasado veinte años desde que nuestras familias habían llegado aquí. Nuestros buzones todavía decían “Briefe” en alemán. Todos, tanto las personas que habían vivido aquí antes y las que los reemplazaron, habían sido obligados a abandonar su hogar. De un día para otro, las fronteras del continente se habían desplazado, redibujadas como las líneas de tiza con las que jugábamos en la acera. Al final de la guerra, el este de Alemania se convirtió en Polonia y el este de Polonia se convirtió en la Unión Soviética. La familia de la abuela fue obligada a abandonar sus tierras cerca de Leópolis. Los soviéticos se apropiaron de su casa y los subieron a los mismos trenes de ganado que habían llevado a los judíos a los campos uno o dos años antes. Terminaron en Wrocław, una ciudad habitada por alemanes durante cientos de años, en un piso que acababa de ser abandonado por alguna familia que nunca conoceríamos, con sus platos aún en el fregadero y las migas de pan todavía sobre la mesa.”2

Los “nativos” de esta ciudad son conscientes de sus raíces; saben que sus abuelos o bisabuelos fuerondesarraigados de sus orígenes y trasladados al que por fuerza tuvo que convertirse en su nuevo hogar. Saben que las calles por las que hoy caminan hasta hace poco eran transitadas por otros. Que la icónica sede de la universidad se encontraba en Universitätsplatz, no en plaz Uniwersytecki. Que la calle Bolesława Prusa era Lehmdamm in Breslau. Que pocas de las cosas que llaman suyas lo fueron siempre.

Hay algunas excepciones. Por ejemplo, en la Plaza del Mercado la estatua del poeta Aleksander Fedro fue traída de Leópolis. Puede que el caso más conocido sea el del Panorama de Racławice, una obra monumental de más de 100 metros de extensión que también proviene de la que hoy es una ciudad ucraniana.

Así que Wrocław no solo cuenta su historia, sino que se ha adaptado para reflejar a su vez la de sus habitantes. Sin embargo, todos estos elementos hablan de un pasado disyuntivo. ¿Qué hay del presente? ¿Qué hay en Wrocław que haya sido siempre propio tanto de la ciudad como de sus ocupantes actuales? Maciej, un guía turístico local, me dio una respuesta inesperada; gnomos.

Es prácticamente imposible darse una vuelta por el casco antiguo sin chocarse con alguna de estas criaturas. Se trata de un ejército de pequeñas estatuas de bronce que representan todo tipo de profesiones y actividades; gnomos remando, en moto, nadando, gnomos joyeros y botones, gnomos trabajando duramente y gnomos durmiendo la mona. Y esto son solo unos pocos ejemplos. Aunque no haya una cifra exacta, se calcula que hay alrededor de 1500 gnomos escondidos en las calles de Wrocław. Sorprendentemente, los ciudadanos más célebres de la ciudad llevan poco más de veinte años habitándola. El primero, El enano, fue creado en 2001 para conmemorar a la Alternativa Naranja, un movimiento estudiantil anticomunista que durante los años 80 se opuso de forma pacífica al régimen. Los activistas de este movimiento utilizaban elementos absurdos en su lucha, como el pintar grafitis de enanos en los eslóganes del partido y otros edificios de la ciudad.

Tras el éxito de El enano, la ciudad decidió financiar otros cinco gnomos para ponerlos en distintos lugares emblemáticos de la ciudad. Y el resto es historia. Pronto, decenas de empresas decidieron sumarse a la ola y empezaron a financiar la creación de nuevas estatuas. El amplio grado de participación por parte de los locales en esta reciente tradición puede parecer inexplicable, pero lo cierto es que los gnomos han pasado a formar parte de su identidad compartida con la ciudad. No surgen ni en Vratislav ni en Breslau, sino que son completamente de Wrocław; la ciudad polaca por la que, como muchos antes, hoy transito.

REFERENCIAS

1 https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/8d/Curzon_line_en.svg

2 Jedrowski, T. Swimming in the Dark. Bloomsbury, 2020. Pág. 1.

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