Realizado por Elena Azorín Torregrosa. Estudiante de Derecho y Relaciones Internacionales de la Universidad de Alicante
Kissinger en esta obra explora una idea central: toda paz duradera combina poder y legitimidad. No basta con que los Estados se equilibren; necesitan un marco de reglas aceptado como justo. Desde ahí recorre varios “subsistemas” de orden: el europeo nacido en Westfalia (1648), la tradición estadounidense de “excepcionalismo”, el mundo islámico y Oriente Medio con sus rupturas de autoridad, y Asia, donde China, India y Japón compiten con repertorios históricos distintos. En él describe cómo se han construido órdenes estables y por qué se desmoronan cuando una potencia intenta imponer principios universales sin calibrar el equilibrio.

Henry Alfred Kissinger (1923–2023) fue un diplomático, académico y estratega estadounidense de origen alemán, figura central de la política exterior de Estados Unidos en la Guerra Fría. Judío nacido en Fürth, huyó del nazismo y se estableció en EE. UU., sirvió en el Ejército durante la Segunda Guerra Mundial y se doctoró en Harvard, donde también enseñó. Como asesor de Seguridad Nacional (1969–1975) y secretario de Estado (1973–1977) con Nixon y Ford, impulsó la distensión con la URSS, la apertura a China, los Acuerdos de París sobre Vietnam y la “shuttle diplomacy” en Oriente Medio; recibió el Nobel de la Paz en 1973, un premio muy controvertido por su papel en Vietnam y su tolerancia hacia regímenes autoritarios, especialmente en América Latina. Tras dejar el gobierno, fundó una consultora influyente y escribió obras de referencia como “Diplomacy”, “On China” y “World Order”. Murió a los 100 años en 2023.
Para Europa, el libro es especialmente iluminador. Kissinger muestra que el método europeo, basado en el equilibrio de poder, congresos y diplomacia, fue la “gramática” que después copiaron otros. Aunque mira con cierto escepticismo la capacidad de la UE para actuar como potencia unitaria, su lectura ayuda a entender por qué la integración europea es un experimento singular: transforma la lógica westfaliana con mecanismos jurídicos supranacionales y con una diplomacia que mezcla Consejo, Comisión y Servicio Europeo de Acción Exterior. La pregunta que late en el libro: ¿puede haber orden sin un ancla de poder claro? Encaja con el debate europeo sobre autonomía estratégica, coordinación con la OTAN y gestión de vecindades inestables.
intereses. De un lado, tratados, valores y jurisprudencia; del otro, seguridad, energía, tecnología y comercio. La pregunta útil es cómo convertir el peso regulatorio europeo en influencia diplomática efectiva sin renunciar a derechos y Estado de Derecho. Kissinger recuerda que las reglas necesitan capacidades y consensos; Europa explora esa traducción combinando mercado interior, política exterior y de seguridad común y coordinación con aliados.
El libro también ofrece un método práctico para leer crisis: identificar actores y capas (Estados, instituciones de la UE, OTAN, organizaciones regionales, sector privado), cartografiar intereses y vulnerabilidades, precisar los principios de orden en disputa, escoger palancas con sus costes (sanciones, ayuda financiera, reconocimiento, foros) y diseñar salidas graduales con verificación y garantías. Esta plantilla es aplicable a negociaciones reales y simuladas y ayuda a estructurar posiciones compatibles con los valores europeos sin ingenuidad estratégica.
Ejemplos europeos recientes muestran esa gramática. En el diálogo Belgrado–Pristina, la Unión actúa como mediadora ofreciendo integración y financiación a cambio de normalización escalonada. En el acuerdo nuclear con Irán, los europeos combinaron legitimidad técnica y jurídica con incentivos económicos y coordinación transatlántica. En la vecindad oriental y mediterránea, la UE calibra sanciones, ayuda macrofinanciera y condicionalidad democrática para sostener influencia sin desfondar su credibilidad normativa.
Otra aportación es ubicar a Europa entre Estados Unidos y Asia. La relación transatlántica multiplica capacidades y legitimidad, pero la autonomía estratégica europea busca poder actuar cuando Washington no pueda o no quiera. La lectura histórica de China, India y Japón ayuda a contextualizar debates sobre seguridad económica, control de inversiones, cadenas de suministro, materias primas críticas o el Indopacífico. La cuestión de fondo es cómo pasar de potencia normativa a potencia “completa” que alinee derecho, industria, tecnología y defensa.
Quien tenga una mirada proeuropeísta encontrará en estas páginas un marco para conectar historia diplomática y arquitectura jurídica de la UE. Se gana vocabulario común con diplomáticos y juristas y criterios para diseñar posiciones negociadoras coherentes con los valores del artículo 2 del TUE sin perder eficacia. También ofrece material comparado para ensayos: contraponer la realpolitik de Kissinger con la experiencia europea como potencia civil y normativa, y discutir cuándo y cómo convergen.
Conviene leer el libro de forma crítica. Su óptica es realista y estadounidense y a veces subestima la densidad institucional y jurídica europea. Precisamente por eso resulta fértil confrontarlo con la práctica del TJUE, con la política comercial común, con la acción exterior definida en el artículo 21 TUE y con la evolución de la PCSD. Esa fricción entre poder y reglas es el laboratorio donde la UE intenta convertir su legalidad en capacidad de orden.
En suma, “Orden mundial” es un libro recomendable. Puede entenderse como una brújula para entender la gramática de poder y legitimidad que Europa trata de refinar con derecho, instituciones y consenso. Para quien estudia Derecho y Relaciones Internacionales, se declara proeuropeísta y quiere comprender mejor la diplomacia; ofrece un andamiaje analítico y práctico que se traduce en criterio para estudiar, argumentar y negociar.