ORGANIZACIÓN PARA EL FOMENTO DE LOS ESTUDIOS INTERNACIONALES

El Tapón del Darién: frontera invisible de la crisis migratoria americana

Realizado por Raquel Rojas Graduada en Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos

El Tapón del Darién, una densa franja selvática entre Panamá y Colombia, se ha transformado en la última década en una de las rutas migratorias más transitadas y peligrosas del mundo. Aunque históricamente fue una zona inhóspita habitada por comunidades indígenas, desde 2021 el número de personas que la cruzan ha aumentado exponencialmente, alcanzando más de 520.000 en 2023. Las causas de este fenómeno incluyen la combinación de crisis políticas y económicas en América Latina, la falta de vías migratorias legales y la difusión de información sobre las rutas disponibles. Los trayectos, tanto terrestres como marítimos, varían en duración y costo, exponiendo a los migrantes —en su mayoría venezolanos, haitianos y africanos— a condiciones extremas, abusos y explotación.

A su llegada a Panamá, los migrantes son atendidos en estaciones administradas por el SENAFRONT y la OIM, aunque los recursos son limitados. Desde 2024, Panamá, bajo el gobierno de José Raúl Mulino, ha adoptado una política de cooperación con Estados Unidos que incluye la repatriación aérea de migrantes irregulares. Esta medida redujo el flujo migratorio en un 96% para marzo de 2025, pero también generó nuevas problemáticas humanitarias, como el cierre de centros de acogida y el incremento de un «flujo inverso» hacia el sur. El Darién se consolida así como un espacio donde confluyen el control fronterizo, la crisis humanitaria y los desafíos de la gobernanza migratoria regional.

The Darién Gap, a dense jungle strip separating Panama from Colombia, has become one of the world’s most dangerous and heavily traveled migration routes over the past decade. Once an inhospitable area inhabited mainly by Indigenous communities, it now sees hundreds of thousands of migrants crossing annually—over 520,000 in 2023 alone. This shift is driven by a mix of restrictive migration policies, political and economic crises across Latin America, and the circulation of information on how to navigate the route. Migrants, mostly from Venezuela, Haiti, and Africa, face high costs, extreme conditions, and risks of exploitation during their journey.

Upon reaching Panama, they are processed in reception centers managed by SENAFRONT and the IOM, though resources remain scarce. Since 2024, Panama’s government under José Raúl Mulino has strengthened cooperation with the United States through an agreement allowing the aerial repatriation of irregular migrants. While this policy reduced crossings by 96% by early 2025, it has also deepened humanitarian concerns, including the closure of camps and the emergence of a «reverse flow» of migrants returning southward. The Darién Gap thus stands as a critical site where border control objectives, humanitarian crises, and regional migration governance intersect.

El Tapón del Darién es una extensa franja selvática que separa el extremo oriental de Panamá del noroeste de Colombia. Su terreno hostil, caracterizado por numerosas corrientes fluviales y una densa vegetación tropical, ha hecho de este espacio una barrera natural de más de 100 kilómetros. Durante décadas, esta región fue un territorio inhóspito, habitado por comunidades indígenas como los emberá o wounaan. Sin embargo, en la última década se ha convertido, paradójicamente, en una de las rutas migratorias más peligrosas y transitadas.

Si bien es cierto que el paso por esta zona no es nuevo, desde 2021 el flujo de personas ha crecido exponencialmente; solo en 2023, más de 520.000 migrantes cruzaron la franja, según la Defensoría del Pueblo de Colombia (2024). Lejos de tratarse de un tema coyuntural, el Tapón del Darién ha dejado de ser una vía marginal para convertirse en eje del drama migratorio. Su consolidación como ruta se debe a una amalgama de factores: restricciones migratorias, crisis políticas y económicas en América Latina, ausencia de vías legales y circulación de información sobre cómo atravesar la ruta (Yates y Pappier, 2023).

El viaje de los migrantes suele comenzar en las localidades colombianas de Necoclí, Acandí o Capurganá, donde los migrantes se embarcan en pequeñas lanchas que cruzan el golfo de Urabá hasta las comunidades fronterizas. Desde allí, se adentran en la selva rumbo a Panamá, en trayectos que pueden durar entre cuatro y diez días, dependiendo de las condiciones y del dinero disponible.
Existen dos rutas terrestres principales:

  • la que va desde Acandí a Bajo Chiquito y Lajas Blancas.
  • la que conecta Capurganá con Canaán Membrillo y San Vicente.

Además de las rutas terrestres, las rutas marítimas, menos frecuentes y más cortas, parten desde Capurganá o desde Juradó.

Figura 1. Mapa de las rutas migratorias a través del Tapón del Darién. Fuente: Yates y Pappier (2023), Migration Policy Institute.
Figura 1. Mapa de las rutas migratorias a través del Tapón del Darién. Fuente: Yates y Pappier (2023), Migration Policy Institute.

Cada ruta tiene una tarifa diferente, por lo que los migrantes con menos recursos —generalmente venezolanos y haitianos— deben pagar unos 200 dólares estadounidenses para tomar caminos más largos y peligrosos, mientras que las rutas más cortas y seguras oscilan entre los 1.000 y 2.000 dólares (Yates y Pappier, 2023).
Al llegar a territorio panameño, los migrantes son registrados en las Estaciones de Recepción Migratoria (ERM), ubicadas en Lajas Blancas y San Vicente. Estos campamentos son administrados por el SENAFRONT (Servicio Nacional de Fronteras) y por la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), quienes ofrecen alojamiento temporal, alimentos, y asistencia médica y psicológica básica. Los menores no acompañados quedan bajo custodia del SENAFRONT y, en algunos casos, son trasladados a una casa de acogida apoyada por UNICEF, donde esperan la reunificación familiar o una autorización judicial para seguir su viaje (Yates y Pappier, 2023).

De acuerdo a Yates y Pappier (2023), esta ruta comenzó siendo parte del desplazamiento interno colombiano en los años noventa, mientras que hoy en día es una ruta donde se suman venezolanos, haitianos, ecuatorianos y personas provenientes de África y Asia. Esta diversidad refleja la dimensión global del fenómeno y la necesidad de respuestas regionales coordinadas, y es que el impacto humanitario es cada vez más grave. Según UNICEF (2024), hasta mayo de 2024 se registraron más de 30.000 menores de edad que habían atravesado la selva, y se estimaba que la cifra podría alcanzar los 160.000 niños. Aunque la mayoría viaja con algún familiar, los riesgos de abuso, explotación o desaparición son constantes, especialmente por la presencia de bandas y grupos criminales como el Clan del Golfo, que regula los accesos y obtiene beneficios del tráfico humano.

A su vez, según el Programa Regional de Investigación sobre Desarrollo y Medioambiente (2024), en el sector oriental de Panamá, las autoridades indígenas han intentado mantener canales con el Estado para garantizar el paso ordenado y seguro de los migrantes a través de sus territorios. Por ende, algunos habitantes de estas comunidades han facilitado el paso por rutas conocidas, con el fin de reducir riesgos. No obstante, y aunque esta praxis cuenta con el consentimiento de algunos organismos oficiales, en ciertos casos dicha práctica ha derivado en la criminalización de los miembros de las comunidades indígenas.

El cambio político en Panamá y en Estados Unidos ha alterado significativamente el panorama migratorio. Desde 2024, bajo la presidencia de José Raúl Mulino, Panamá ha adoptado una política de cooperación estrecha con Washington en materia migratoria. En julio de ese año, ambos gobiernos firmaron un acuerdo que permite repatriar por vía aérea a migrantes irregulares que llegan al Darién, mediante vuelos financiados por Estados Unidos.

El impacto de esta medida fue inmediato. En 2024, el número de personas que cruzaron la selva se redujo un 41% respecto al año anterior, y hasta marzo de 2025 la caída fue del 96% respecto al mismo periodo de 2024 (Newsroom Panama, 2025). Aunque estas cifras se han presentado como un éxito en el control migratorio, los efectos colaterales han comenzado a ser visibles.

En marzo de 2025, se informó del cierre paulatino de los centros migratorios de Bajo Chiquito y Canaán Membrillo (France 24, 2025). Asimismo, Panamá ha aceptado servir como punto de tránsito para migrantes deportados desde Estados Unidos, especialmente asiáticos y africanos a los que resulta difícil repatriar directamente (NPR, 2025). El acuerdo establece que Panamá actuará como «tercer país seguro» recibiendo temporalmente a los deportados mientras se gestiona su retorno voluntario o su reasentamiento. Sin embargo, la realidad sobre el terreno dista de ser clara. En marzo de 2025, las autoridades panameñas informaron de la llegada de 299 migrantes retornados de EE.UU., de los cuales 187 aceptaron volver a sus países de origen mientras que 112 se negaron, alegando temor a la persecución por motivos religiosos, étnicos o políticos (France 24, 2025). Muchos de ellos han sido trasladados a albergues cercanos al Darién.

Paradójicamente, mientras el tránsito hacia el norte disminuye, las autoridades panameñas han detectado un «flujo inverso», es decir, migrantes que regresan desde Centroamérica y México hacia el sur. Según datos mostrados por el gobierno de Panamá, 961 personas, mayoritariamente venezolanas, iniciaron el retorno durante marzo de 2025, aunque, según France 24 (2025) las autoridades panameñas reconocen que «los números reales que corresponden al flujo inverso que llega al país centroamericano son desconocidos».

Las recientes medidas de Panamá, en coordinación con Estados Unidos, han contribuido a una disminución significativa de los flujos migratorios a través del Darién. Sin embargo, diversos organismos internacionales advierten que estas políticas también han incrementado los desafíos humanitarios en la región, especialmente en materia de protección y atención a personas en situación de vulnerabilidad. La clausura de centros migratorios, la implementación de repatriaciones y la persistente falta de vías seguras de movilidad evidencian la complejidad del Darién como espacio donde convergen los objetivos de control migratorio con las obligaciones de protección internacional y humanitaria.

France 24. (2025, 14 de marzo). ¿Se cierra el Tapón del Darién?: Panamá anuncia la clausura de centros migratorios en la selva. https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20250314-se-cierra-el-tap%C3%B3n-del-dari%C3%A9n-panam%C3%A1-anuncia-la-clausura-de-centros-migratorios-en-la-selva

Newsroom Panama. (2025, 2 de marzo). United States impact on the Darién: migration flows fall by 96%. https://newsroompanama.com/2025/03/02/united-states-impact-on-the-darien-migration-flows-fall-by-96/#:~:text=The%20National%20Migration%20Service%20(SNM,a%20statement%20from%20the%20SNM.

NPR. (2025, 20 de febrero). Panama agrees to take migrants deported by Trump’s administration. https://www.npr.org/2025/02/20/nx-s1-5303951/panama-us-migrants-darien-deportation

Prisma Regional. (s.f.). El Tapón del Darién: bosque, territorio indígena y ruta migratoria. https://prismaregional.org/noticias/el-tapon-del-darien-bosque-territorio-indigena-y-ruta-migratoria/

UNICEF. (2024, 15 de mayo). La migración de niños, niñas y adolescentes a través del Darién registra un aumento del 40 por ciento en lo que va de año. https://www.unicef.org/lac/comunicados-prensa/migracion-ninos-ninas-adolescentes-darien-panama-registra-aumento-cuarenta-por-ciento

Yates, C. y Pappier, J. (2023, 9 de octubre). Cómo el peligroso Tapón del Darién se convirtió en la encrucijada migratoria de las Américas. Migration Policy Institute. https://www.migrationpolicy.org/article/tapon-darien-encrucijada-migratoria-americas

COMPARTE ESTE POST