Realizado por Elena Azorín Torregrosa Estudiante de Derecho y Relaciones Internacionales en la Universidad de Alicante
RESUMEN
El texto analiza el estado actual y las posibles trayectorias de la Unión Europea tras el cierre del último trimestre del calendario comunitario. Repasa hitos recientes—la presidencia polaca del Consejo con énfasis en seguridad; las tensiones comerciales con EE. UU.; la entrada de Bulgaria y Rumanía en Schengen; la Cumbre de Londres sobre Ucrania y el refuerzo de sanciones a Rusia; y la primera Cumbre UE-Asia Central vinculada al Global Gateway—para sostener que la UE aparece temerosa, frágil y poco resolutiva, rezagada en innovación, digitalización e industria frente a EE.
UU. y China. El núcleo argumental se centra en la autonomía estratégica: energética (REPowerEU, renovables e hidrógeno, necesidad de inversión y cadenas de valor), económica (reducción de dependencias de Rusia y China y competencia de la BRI frente al Global Gateway) y militar (tradicional dependencia de la OTAN y debate reactivado tras 2022 sobre capacidades propias dentro del marco aliado). El artículo plantea escenarios institucionales—federalización, reforma profunda de los tratados o nuevo marco—y advierte que, sin decisiones ágiles y coordinadas, la UE corre el riesgo de perder relevancia en el reordenamiento global. La conclusión es programática: posicionarse, actuar, innovar y ganar eficacia para que Europa pueda sostener su influencia en el Nuevo Orden Mundial.
ABSTRACT
This article assesses the European Union’s current condition and potential future paths after the close of the Union’s latest calendar quarter. It reviews recent milestones—the Polish Council Presidency’s security focus; tariff frictions with the United States; Bulgaria and Romania’s Schengen accession; the London Summit on Ukraine and tighter sanctions on Russia; and the first EU–Central Asia Summit tied to the Global Gateway—to argue that the EU appears wary, fragile, and insufficiently decisive, lagging behind the U.S. and China in innovation, digitalization, and industry. The core analysis centers on strategic autonomy: energy (REPowerEU, renewables and hydrogen, the need for investment and resilient value chains), economy (cutting dependencies on Russia and China while positioning the EU’s Global Gateway against China’s Belt and Road), and defense (long-standing reliance on NATO and a post-2022 push to build credible capabilities within the allied framework). The piece outlines institutional scenarios—federalization, far-reaching treaty reform, or a novel governance setup—and warns that without swift, coordinated decisions the EU risks losing relevance in an emerging global order. The takeaway is prescriptive: the Union must stake clear positions, act, innovate, and improve execution to sustain Europe’s influence in the New World Order.

El último trimestre del calendario de la Unión Europea ya ha acabado, es por ello que podemos hacer un balance de lo que ha acontecido en la Unión los primeros meses del año, teniendo en cuenta también la situación en los últimos años de la misma. Y, a partir de ello, podemos hacer una reflexión sobre hacia dónde podría ir la Unión en los años venideros.
En Enero Polonia ostentaba la presidencia del Consejo, con un lema que no da pie a interpretaciones: Security, Europe!. Como todos sabemos, el panorama geopolítico actual, no se caracteriza por la paz. Una guerra en las puertas de Europa entre Rusia y Ucrania, tensiones en la zona de los volcanes, la invasión de Gaza… Y estas son las más cercanas. Polonia, amenazada por un posible ataque ruso, sería uno de los países en apostar por una defensa europea, fuerte y efectiva.
En Febrero la administración Trump estaba batallando una guerra arancelaria con todo el mundo, incluida también la UE. Ese mismo mes Bulgaria y Rumania ingresaron en el espacio Schengen, eliminando los controles fronterizos terrestres. Sin embargo, a la misma vez, países como Alemania levantaron sus murallas, extendiendo los controles fronterizos con sus países vecinos para controlar la inmigración.
En marzo tuvo lugar la Cumbre de Londres sobre Ucrania, donde Estados Miembros de la UE y de la OTAN se reunieron para definir el plan de paz, aumentar el apoyo militar a Ucrania e imponer más sanciones a Moscú. A la incertidumbre y el miedo frente a una posible guerra en Europa, se añadió el caos provocado por los desastres naturales, ataques cibernéticos y apagones. Para ello la UE desarrolló un plan de preparación ante guerras y desastres.
En Abril se celebró la primera Cumbre UE-Asia Central en el que ambas partes se mostraban dispuestas a colaborar en materia de seguridad, terrorismo, amenzadas híbridas, seguridad y materia comercial. Se comprometieron a cooperar en materia de energía, sobre todo hidráulica. Además, se destinaron más de 10.000 millones de euros en el plan Global Gateway, proyecto con el que se quieren crear rutas de transporte y cadenas de valor.
Con gran parte de este año repasado, nos encontramos ante una Unión Europea temerosa, frágil, dividida y poco resolutiva. Ya no es esa Unión que tenía renombre internacional y que era determinante en la constitución del nuevo orden mundial. Según indicadores globales, se ha quedado rezagada en ámbitos como la innovación, la digitalización, la creación de nuevas empresas, especialmente tecnológicas y la industria; en comparación a países como EEUU o China. Si Bruselas no se mueve rápido, se verá superada por otras potencias que marcarán el Nuevo Orden Mundial.
En primer lugar hablaremos de un punto clave en la Unión: la energía, la industria y su autonomía económica. Los Estados miembros quieren que Europa sea autosuficiente en términos de energía, sobre todo tras la crisis energética derivada de la Invasión rusa. Esto se pudo observar con el lanzamiento REPowerEU, en el que los países se comprometían a diversificar suministros, mejorar su eficiencia energética y apostar por la transición hacia energías renovables. España y otros países de la UE cuentan con condiciones climáticas favorables para generar energía solar y eólica, que permitirían el autoabastecimiento europeo, aunque su almacenamiento y transporte son complejos, lo que limita su exportación. En cambio, el hidrógeno puede producirse en casi cualquier país, resulta más fácil de almacenar y transportar y es exportable fuera de Europa. Para aprovechar este
potencial se requiere investigación e inversión: la UE financia parte mediante subvenciones y el Banco Europeo de Inversiones, pero también participan inversores extranjeros de EE. UU., Oriente Medio y Asia (China, Japón y Corea).
Ya que estamos hablando de China y Estados Unidos, y una especie de “batalla” por el que más invierte en Europa. Últimamente la Unión se está acercando más a Asia y Oriente Medio comercialmente. Lo que hace, que poco a poco se vaya alejando de un EE UU presidido por Donald Trump que pone barreras arancelarias. Por ello, inevitablemente se viene a la mente un cambio del Orden Mundial tal y como está preconcebido.
Por un lado, encontramos la ya nombrada “Nueva Ruta de la Seda”, oficialmente conocido como oficialmente Belt and Road Initiative – BRI, proyecto lanzado por China en 2013, se trata de un conjunto de infraestructuras de todo tipo que conectarán China con Europa, a través de Asia Central y Medio Oriente. China consigue una mayor conectividad global, a través de crear corredores ferroviarios para mercancías y personas, unir puertos estratégicos y crear gasoductos para comercializar con la energía los diferentes países. Pero no solo eso, sino que también asegura ser uno de los países, o el país más influyente en el panorama internacional. Por lo tanto una posibilidad que podemos vislumbrar es una unidad Euroasiática impulsada por China. No obstante, la UE tiene su propia “Ruta de la Seda más grande” en la que China pierde protagonismo y por tanto influencia: el Global Gateway. Esta estrategia lanzada por la Comisión Europea en 2021 sería el mismo proyecto que el Belt and Road Initiative, pero siendo fiel a los valores europeos. Por lo tanto sus prioridades son la energía renovable, el transporte sostenible, la digitalización y la protección de los derechos universales. Con ello, Europa dejaría de depender de Rusia y China energética y productivamente.
La UE ha mantenido durante décadas una fuerte dependencia militar de Estados Unidos bajo el paraguas de la OTAN, lo que permitió a Europa permanecer en gran medida “desmilitarizada”, incluso ante conflictos cercanos como las tensiones entre Ucrania y Rusia. La percepción cambió en 2022, cuando la invasión rusa impulsó a varios países europeos a aumentar su inversión en defensa. La propia canciller Angela Merkel ya había advertido tres años antes: “Los tiempos en los que podíamos confiar completamente en otros han terminado. Los europeos debemos realmente tomar nuestro destino en nuestras manos”. Alemania, tradicionalmente reacia a la militarización, destinó
100.000 millones de euros a modernizar su ejército, mientras que numerosos Estados se comprometieron a cumplir con el objetivo del 2 % de la OTAN. Además, la UE se unió para enviar armamento, personal y medios a Ucrania. De ahí surgió con más fuerza el debate sobre la “autonomía estratégica europea”, siempre dentro de la OTAN, y la gran pregunta: ¿puede Europa aspirar a la independencia militar? El reto sería enorme, pues exigiría unidad política, cesión de soberanía militar y la integración de fuerzas y equipamientos bajo objetivos comunes.
La UE enfrenta un rumbo incierto: no se sabe si logrará ser autosuficiente y reducir su dependencia energética, militar y productiva, ni si los Estados miembros cooperarán en una visión común ante alianzas y conflictos. Lo imprescindible es que la Unión se posicione, actúe, innove y sea eficaz—ya sea mediante una federación, una reforma profunda de los tratados o un nuevo marco institucional. De no superar la parálisis interna y la burocracia de Bruselas, la UE corre el riesgo de perder la relevancia que la hizo determinante en la escena internacional.
REFERENCIAS
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