Nicaragua: Como el juego de la Oca, de dictadura en dictadura y tiro porque me toca

Autora: Natalia Sette Hernández. Estudiante de Relaciones Internacionales y Periodismo.

RESUMEN

La dictadura de los hermanos Somoza ha sido la más larga de América Latina, reprimiendo durante 43 años a los nicaragüenses. Ahora, y desde 2006, Daniel Ortega, quien en un principio se presentó como el salvador del pueblo, reprime de nuevo a Nicaragua. Les contamos la historia de un país sumido en dictaduras y olvidado por el resto.

ABSTRACT

The dictatorship of the Somoza brothers has been the longest in Latin America, repressing Nicaraguans for 43 years. Now, since 2006, Daniel Ortega, who at first presented himself as the savior of the people, is once again repressing Nicaragua. We tell you the story of a country mired in dictatorships and forgotten by the rest.

En 1933, las tropas norteamericanas abandonan Nicaragua tras 21 años de ocupación dejando a Anastasio Somoza como jefe de la Guardia Nacional. Somoza era un militar de clase social media, vinculado estrechamente con las familias nobles del país, y desde entonces serviría fielmente a los intereses norteamericanos en la región.

Lo primero que hizo en el cargo fue asesinar a Augusto Sandino, líder de los nacionalistas. Admitió que lo hizo porque consideraba que era un peligro para los Estados Unidos y para las élites nicaragüenses, pues día a día ganaba mucho apoyo entre los ciudadanos y por ello, podría llegar a ser un rival muy fuerte en las elecciones presidenciales. Después, mediante un golpe militar en 1936, Somoza García destituyó al presidente liberal Juan Bautista Sacasa, afianzando de esta forma su poder, el cual legitimaría en enero de 1937 al elegirse como presidente de Nicaragua apoyados por aquellos que veían en él a un restaurador del orden social.

Una vez en el poder Anastasio basó su mandato en tres principios elementales: una relación servil e interdependiente con EE.UU., un régimen interiormente asentado en la oposición legal y la Guardia Nacional y en el seguimiento de una estrategia para enriquecerse. A Estados Unidos le interesaba de Nicaragua el caucho y los minerales, aademás de establecer bases militares en suelo nicaragüense y una política anticomunista. Somoza, por su parte, necesitaba tolerancia de EE.UU. para controlar a su pueblo reprimiéndolo y para poder enriquecerse.

El fundador de la dinastía, Tacho Somoza, practicó toda su vida una política de pactos con la oposición legal y de represión sin paliativos con la oposición ilegal. La permanente oposición legal de Somoza fue el Partido Conservador, con el que pactó en numerosas ocasiones y al que propiciaba cuotas de poder para no tener problemas y dar la apariencia de que en las elecciones había oposición. La “oposición ilegal” estaba constituida por el pueblo menos enriquecido y con necesidades básicas de supervivencia, y sus sectores más activos irían pasando de la militancia en un partido socialista a un movimiento mucho más amplio que se propondría derrotar a la dictadura y se concretaría años más tarde en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Este moría en 1956 en un atentado hacia su persona y sería sustituido por su hijo, que seguiría sus prácticas con aún más violencia.

Sucedieron una serie de acontecimientos que propiciaron que el pueblo se alzara ante el poder de los Somoza. Entre ellos el terremoto de 1972 en el que Somoza hijo se quedó con toda la ayuda internacional dejando de lado a su pueblo y el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro líder de la oposición. Tras estos incidentes el FSLN fue capaz de unificarse priorizando ante todo el deseo de defender a los más débiles en un país con muchas desigualdades sociales.

En 1979 triunfa lo que se denominó la “Revolución Sandinista” desplazando a la familia Somoza del poder tras 43 años. Se acababa la dictadura más larga de América Latina. La nueva etapa comenzó con iniciativas tan novedosas y solidarias como la campaña de alfabetización y un programa de economía mixta, multipartidismo y no alineamiento. Asimismo, la Junta de Gobierno que se constituyó reflejaba dicho multipartidismo y era una representación de ese pueblo que se comprometió totalmente y logró desterrar a la dictadura.

Sin embargo, pronto se desvió hacia posiciones más radicales y unos meses más tarde se auto definió como marxista. Cuando alcanzaron el poder, los nueve comandantes de la Dirección Nacional del FSLN -entre ellos Daniel Ortega- gobernaron a espaldas a sus aliados, marginándolos del mando y rompiendo el consenso nacional que fue la matriz del triunfo.

En 1990 se destituyó del poder al FSLN tras un indeseado reparto de tierras que beneficiaba solo a las altas esferas llegando al poder la Unión Nacional Opositora (UNO) encabezada por Violeta Chamorro.

No volvemos a escuchar hablar de Daniel Ortega hasta las elecciones de 2006, después de 17 años fuera de la silla presidencial, llegó acompañado de apenas otros dos miembros de los nueve que integraron la histórica Dirección Nacional. Ortega no quiso gobernar con sus viejos compañeros de lucha, pero sí en alianza con el gran capital, un partido de la derecha e incluso con miembros de la contrarrevolución armada.

Una serie de préstamos del gobierno venezolano -casi 500 millones de dólares anuales- durante un largo período le permitieron abultar sus cuentas bancarias personales y librar de impuestos a los empresarios. Fue complaciente con los intereses políticos de los Estados Unidos en la región: sus militares mantuvieron intercambios con el Comando Sur, su policía recibió financiamiento de la DEA y sus políticas migratorias construyeron en la frontera sur de Nicaragua un muro de contención que formó parte de la frontera vertical antiinmigrante del gobierno estadounidense.

Ortega aprovechó el apoyo de las altas esferas enriquecidas para aumentar su poder. En 2006 ganó las elecciones con el 38% de los votos, en 2011 con el 62% y en 2016 con el 72%. En abril de 2018 el pueblo se alza de nuevo, pero esta vez contra quien en su día los liberó. El régimen sofocó el alzamiento por medio de grupos paramilitares que encabezaron veteranos de los cuerpos de Seguridad del Estado. La brutal represión dejó alrededor de cuatrocientos muertos, dos mil heridos, más de mil seiscientos presos políticos y setenta mil exiliados.

Gran parte de los jóvenes que salieron a protestar eran estudiantes universitarios contra los que se dio orden de captura. Fueron secuestrados, sometidos a juicios amañados y condenados a penas desproporcionadas. Las de los líderes del movimiento campesino llegaron a más de doscientos años. Los presos políticos sufrieron horribles torturas.

Con intención de justificarse, Ortega y su esposa y vicepresidente Rosario Murillo construyeron y difundieron la historia de un intento fallido de golpe de Estado como explicación de lo que ocurrió en abril de 2018. Desde entonces, los reportajes, documentales y declaraciones oficiales sobre el golpe de Estado van de la mano con nuevas leyes de una escalada represiva que coartan la libertad de expresión, reinstituyen la cadena perpetua y penalizan la recepción de fondos extranjeros como un delito contra la soberanía nacional. Más de 30 políticos de la oposición han sido detenidos. En 2021 el matrimonio Oretga volvía a ganar las elecciones con un 75% de los votos. ¿Superará esta la dictadura de los Somoza?

16 de marzo de 2022

ISSN 2340 – 2482

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