Calentamiento global: ¿Se puede dar marcha atrás? El Ártico dice NO

Autora: Natalia Sette Hernández. Estudiante de Relaciones Internacionales y Periodismo

RESUMEN

Cientos de medidas se han tomado para frenar el cambio climático, pero sin duda, algo no está funcionando bien. La temperatura de nuestro planeta sigue aumentando causando daños casi irreparables. El principal y más peligroso es el continuo deshielo de nuestras masas polares, siendo el Ártico uno de los más afectados.

ABSTRACT

Hundreds of measures have been taken to curb climate change, but without a doubt, something is not working well. The temperature of our planet continues to rise, causing almost irreparable damage. The main and most dangerous is the continuous melting of our polar masses, the Arctic being one of the most affected.

Llevamos décadas escuchando hablar del cambio climático y cada año empeoran las noticias que llegan a nuestros oídos. La Convención Marco sobre el Cambio Climático (CMCC), en su artículo 1, define el “cambio climático” como un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observado durante períodos de tiempo comparables.

No estaríamos hablando de este término si no se estuviera produciendo un continuo aumento de la temperatura de nuestro planeta, más comúnmente conocido como calentamiento global. Desde hace décadas se tiene constancia del aumento progresivo de temperatura, más concretamente desde 1990, cuando se publica el primer informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. El documento concluía que las temperaturas habían aumentado entre los 0,3 y los 0,6 Cº en el último siglo.

Los factores que afectan a los cambios de temperatura media de la tierra son los cambios en el desnivel del mar, los efectos de las nubes, la emisión de aerosoles a la atmósfera, y el aumento en las emisiones de dióxido de carbono, gas metano e hidratos de metano. Existe un principal motivo que causa el aumento de estos gases: la subida de temperatura del agua. El agua, sobre todo la fría, puede disolver grandes cantidades de CO2 que cuando se calienta por la circulación oceánica son devueltas de nuevo a la atmósfera; sin embargo, hay un porcentaje de dicho gas que queda atrapado en el océano, pero, en condiciones normales se produce un proceso geológico por el cual se funde y se libera por las ventilas volcánicas. El problema aquí es que debido al aumento de temperatura global, la capacidad del agua de disolver el CO2 disminuye y pasa de destruirlo a ser una fuente del mismo, acumulando por tanto grandes cantidades del gas más dañino para el planeta.

Ya en 1997 los gobiernos acordaron incorporar una adición al Protocolo de Kioto que contaba con medidas para la reducción o limitación de las emisiones de dichos gases. Este Protocolo entró en vigor en 2005 y en él se establecieron objetivos de disminución de un 5% de las emisiones netas de gases de efecto invernadero para los principales países desarrollados. Se planteaba un periodo de tiempo de 4 años – de 2008 a 2012-

En 2015 se llegó a un acuerdo histórico que pretendía combatir el cambio climático y acelerar e intensificar las acciones e inversiones necesarias para un futuro sostenible con bajas emisiones de carbono. El objetivo central del Acuerdo de París es reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático manteniendo el aumento de la temperatura mundial en este siglo muy por debajo de los 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar aún más el aumento de la temperatura a 1,5 grados centígrados. Una respuesta conjunta de la mayoría de países que se vio como un respiro de aire fresco para el planeta.

Pero, si ya desde hace años se tiene en cuenta el calentamiento global, ¿por qué no se ha conseguido frenar a día de hoy? El aumento de población y el uso excesivo de combustibles fósiles han provocado que las emisiones de dióxido de carbono no hayan hecho más que aumentar, causando un daño prácticamente irreparable al planeta. Hablemos ahora de cómo está afectando esto a la Tierra.

Con respecto a la disminución de la extensión de nieves y hielos, los datos satelitales obtenidos desde 1978 indican que, en promedio anual, la extensión de los hielos marinos árticos ha disminuido entre un 2.1 % y un 3.3% por decenio. La extensión máxima de suelo estacionalmente congelado se ha reducido en torno a un 7% en el hemisferio norte; 2020 fue uno de los tres años más cálidos registrados a nivel mundial. La temperatura media mundial de enero a diciembre de 2020 fue de alrededor de 1,2 ° C por encima de la línea de base de 1850-1900, utilizada como una aproximación de los niveles preindustriales. El Ártico ha sido el más afectado sin duda, donde las temperaturas estuvieron a más de 5 ° C por encima del promedio. El calor culminó a finales de junio, cuando alcanzó los 38,0 ° C en Verkhoyansk, la temperatura más alta conocida hasta el momento. El hielo marino fue el más bajo registrado desde hacía 42 años. Más del 90% del exceso de energía que se acumula en el sistema climático como resultado del aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero va al océano.

Greenland Ice Sea Cold Iceberg Frozen Nature. Foto recuperada de Max Pixel.

Este año no ha sido menos y Groenlandia, la segunda masa de hielo dulce más grande del planeta -con casi 1,8 millones kilómetros cuadrados- está siendo la más perjudicada. En agosto, el norte de la isla registró temperaturas inusuales de más de 20 Co. Se llegaron a alcanzar temperaturas récord en el pequeño aeropuerto de Nerlerit Inaat, llegando el mercurio hasta los 23,4 Co. Entre julio y agosto estuvo perdiendo 8.000 millones de toneladas diarias, para que lo entendamos bien, el deshielo que se produjo en esos meses podría inundar Portugal con 10 centímetros de agua.

Si seguimos a este ritmo se estima que los niveles del océano pueden llegar a subir entre 10 y 18 centímetros para el año 2100. Y en el caso de que la capa de hielo de Groenlandia se derritiera por completo el nivel del océano se elevaría entre seis y siete metros. Aunque sabemos que el Acuerdo de París de 2015 sigue en pie, y que exige a todas las Partes que hagan todo lo que esté en su mano para poder frenar el cambio climático, no está funcionando. Se necesitan más controles, más colaboración y menos mirar por los intereses particulares de cada Estado. Por mucho que hagamos desde aquí abajo, si las altas esferas no toman grandes medidas no habrá vuelta atrás.

27 de octubre de 2021

ISSN 2340 – 2482

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