Un mar de sueños frustrados

La crisis migratoria acaecida el pasado 2020 supuso para el archipiélago canario la llegada de 23.023 migrantes y un reguero de muertes en el océano Atlántico. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), y a través de su proyecto ‘Migrantes Desaparecidos’ hasta el 20 de noviembre se habían registrado más de 500 muertes – la mayor parte de ellas en los meses de octubre y noviembre – en medio ‘de un aumento en las partidas desde las costas de los países de África Occidental, entre ellos Senegal’. No obstante, la Organización es consciente de que los datos registrados podrían no ser fieles a la realidad, puesto que se teme que el total de vidas perdidas en el océano Atlántico sea mucho mayor.

Otras Organizaciones No Gubernamentales (ONG) como, por ejemplo, el colectivo Caminando Fronteras, estima el número de defunciones en 2170 tras un monitoreo realizado durante todo el año 2020, y que en caso de ser así supondría una media de seis muertes diarias. La realidad es que conocer la cifra exacta de personas que perecieron en el mar es una tarea muy difícil de llevar a cabo, precisamente por la condición de irregularidad de estos viajes, que no exigen un registro de pasajeros con nombre y apellido.

Según el Ministerio de Interior del gobierno de España, durante el ejercicio anterior, a las islas Canarias arribaron 745 embarcaciones. Sin embargo, no se conoce con exactitud el número de pateras y cayucos que no consiguieron llegar a destino. Uno de los puntos principales de salida durante el 2020, y en el que se ha llorado la muerte de cientos de jóvenes senegaleses es Mbour, un pueblo pesquero a unos 100 kilómetros de Dakar. La última catástrofe de la que se tiene constancia es la ocurrida el pasado mes de noviembre, cuando un cayuco en el que viajaban unas 170 personas explotó debido a la avería de un motor. En total, y según fuentes locales, solo alrededor de 60 lograron sobrevivir.

La playa de Mbour, de aproximadamente siete kilómetros, es un entorno excepcional en el que el constante ajetreo marca la esencia del lugar. En el mercado siempre hay clientes, no importa a la hora a la que se visite, y los mercaderes, que en su mayoría son mujeres, se dedican a vender pescado y legumbre durante el día. Las lonas de plástico que cubren el asfalto de cada puesto desaparecen entre la cantidad de productos agrícolas que se amontonan encima de ellas. Este año, los mercados locales no carecen de productos que vender: sacos y sacos de zanahorias entran y salen del mercado de Mbour cargados en coches, también de cebollas, berenjenas y tomates, síntoma de que la cosecha del año ha ido, cuanto menos, muy bien. Además, el pescado ahumado (poisson fumé, en francés) es uno de los productos estrella.

Las mujeres son las encargadas de transformar el producto que los hombres traen cada día, a veces ahumado y otras simplemente desescamado. Al final del trajín propio del mercado de Mbour se encuentra el puerto, punto clave de la transacción del pescado. Aquí, se cargan decenas de camiones por día colmados del bien más preciado, que se distribuirá a través de distintas regiones de Senegal como por otros países africanos. Los hombres cargan y descargan cajas a un ritmo extenuante, mientras que las mujeres se encuentran en la playa limpiando el pescado que luego llevarán al mercado.

La playa de esta localidad pesquera dista mucho de la concepción que cualquier europeo podría tener de una zona de baño, pues la basura y el hedor que desprende la arena y el agua del mar no invita, desde luego, a un chapuzón. Los miles de piraguas pintadas con colores vivos se despliegan a lo largo y ancho de la arena, tanto, que hay que ir sorteándolas para desplazarse por la costa. Sin duda, la dimensión del litoral incita a extraer conclusiones: mantener esta zona bajo vigilancia para evitar salidas irregulares hacia Europa es una tarea ardua de completar, y se entiende que este se haya convertido en uno de los puntos principales de salida por los factores geográficos con los que cuenta.

Llegada de los pescadores a la playa de Mbour. Fotografía de Gerardo Russo (2019), recuperado de Commons.Wikimedia.org
CC BY 2.0 IT

 

Uno de los jóvenes que intentó llegar a las islas Canarias desde Mbour es Mohamed Diop, un informático de 29 años. Lo hizo en dos ocasiones, la primera en octubre de 2020; la segunda tan solo un mes después. Según relata, el intento acaecido en octubre fue frustrado por una de las patrulleras de la Guardia Civil española cuando se encontraban a la altura de la costa de Dakar. Tras ser interceptados, los migrantes fueron llevados al cuartel general de Gendarmería de Dakar, y después de las diligencias efectuadas por las fuerzas del orden senegalesas, el intento frustrado de llegar a las islas Canarias se saldó con la detención de cinco capitanes. El resto quedó en libertad por ser considerados víctimas de una red de trata de personas, aunque para Mohamed Diop esto no es así. Según cuenta, “en Mbour no existen mafias ni existe la trata de personas, eso es una artimaña política del estado senegalés para justificar de alguna manera las salidas irregulares que se producen desde Senegal hacia España, pero realmente se trata de pescadores desesperados que, debido a la falta de pescado, se deciden por intentar buscar un futuro en las islas Canarias”.

Para financiar este viaje, el joven informático vendió su moto, y sentencia que muchas madres de jóvenes cuya ambición es llegar a España también venden bienes preciados para sufragar el gasto del viaje. Esto se presenta como denominador común. En línea con lo expuesto por Diop, la frustración generalizada de la población más joven – que además es la mayoritaria en el país – está empujando a cientos de ellos a lanzarse al océano Atlántico “por la falta de empleo juvenil, así como la falta de apoyo del estado senegalés a este sector de la población, y por los acuerdos de pesca entre Senegal y países europeos y asiáticos, que ponen a los pescadores artesanales en una situación desfavorable”.

Un hombre se desplaza en motocicleta en Senegal. Fotografía de Claire Charpentier (2020), recuperado de Commons.Wikimedia.org
CC BY-SA 4.0


Por su parte, el intento de noviembre también fue frustrado, aunque esta vez porque el cayuco, con 220 personas a bordo, se averió cuando se encontraban frente a las costas mauritanas. Con la proa de la piragua rota, y quedando todavía la parte más dura del trayecto – las aguas entre Marruecos y Canarias – decidieron retornar voluntariamente y desembarcar en la playa de Saint Louis.

La reunión con Mohamed Diop tiene lugar en una pequeña tienda del barrio pesquero de Tefess a la que él y sus amigos apodan ‘Tenerife’. Esto es un fiel reflejo de que la migración irregular hacia las islas Canarias está a la orden del día en el punto desde el que ha partido el mayor número de embarcaciones a nivel de Senegal. Como relatan él y sus amigos, todo el mundo habla de la migración, es un tema que siempre está presente en el debate público. También mencionan que los jóvenes no tienen miedo a la muerte. En el caso de Mohamed porque “cuando estás inmerso en una ambición, en este caso, llegar a España, no piensas en los riesgos ni en lo que podría salir mal”.

Otro de los chicos presente en la conversación intentó la ruta canaria en el mes de octubre en una piragua en la que viajaban 337 personas. En su caso, se habían quedado sin víveres y la gasolina restante no era suficiente para completar el viaje, así que decidieron abortar el intento y desembarcaron en Mauritania. A la mañana siguiente, todos los migrantes fueron llevados a la frontera de Rosso, uno de los pasos entre ambos países.

Por último, cabe mencionar que uno de los motivos que enunciaron los jóvenes para partir a España ha sido el rumor, extendido a voces en Senegal, de que “ahora en Europa sobra el trabajo debido al número de muertes que se han producido a causa de la Covid-19”. Este, es uno de los rumores más pueriles de los que se nutren los migrantes que están dispuestos a jugarse la vida en el océano. Por supuesto, también lo es la desatención del estado senegalés a los jóvenes y a sus ambiciones, las cuales no ha sabido o no ha podido absorber, y a los ya mencionados acuerdos de pesca. 

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