«Time out» en el país de la Teranga

La República de Senegal, y en especial su capital, Dakar, se nos presenta como uno de los países más estables del continente africano y como el centro neurálgico del África Occidental, y es por ello por lo que resulta imprescindible atender a los cambios sociales y políticos que tienen lugar en el país. Conocido como el país de la Teranga (en wolof, “país de la buena acogida” o “el buen recibimiento”), uno de los rasgos que le caracteriza es su buena convivencia entre religiones. Aunque la mayoría de la población practica la religión musulmana (entre un 90 y un 95%), las religiones cristiana y animista también están presentes aunque en menor proporción. Al ser un estado laico, no es extraño ver matrimonios entre musulmanes y cristianos, permitido, precisamente, por el buen entendimiento entre culturas y religiones.

Senegal cuenta con una historia democrática bastante reciente, inaugurada el año de su independencia del ‘imperio francés’, en junio de 1960. Desde entonces y hasta el año 2000, el Partido Socialista (PD), primero con Leopold Sedar Senghor y luego con Abdou Diouf, se erigió como la fuerza hegemónica. El juego democrático se hizo evidente cuando en las elecciones presidenciales del año 2000 fuese Abdulaye Wade – del Partido Democrático Senegalés (PDS) – quien ganase las elecciones, que además renovó el mandato en las presidenciales del 2007. Como república presidencialista, la mayoría de los poderes se concentran en la figura del presidente, actualmente Macky Sall, que fue reelecto en las presidenciales de febrero de 2019 – cargo que ostentará, en principio, hasta el 2024 – tras haberlo ocupado anteriormente desde el año 2012. Con la reforma de la Constitución bajo su mandato en el año 2016, la presidencia quedó limitada a cinco años. Sobre el papel y la ley, el presidente solo puede ser elegido consecutivamente dos veces, sin embargo, dicha reforma permite otras interpretaciones. Así todo, la posibilidad de un tercer mandato no es exclusiva del periodo presidencial de Macky Sall, pues ya en el 2007 se produjeron movilizaciones sociales para impedir que el entonces presidente, Abdulaye Wade, renovase el cargo por tercera vez.

La actualidad política senegalesa se encuentra en plena ebullición desde que el principal opositor de Sall, Ousmane Sonko, presidente del partido político Pastef-Les Patriots y tercero en las elecciones presidenciales de 2019, fuese acusado a principios de febrero de haber violado y amenazado de muerte a una mujer en el conocido salón de masajes ‘Sweet Beauté’, del que Sonko era cliente habitual. Este asunto movilizó a los sectores más jóvenes de la sociedad, que el 8 de febrero protagonizaban enfrentamientos con la policía en Dakar. El partido que preside Sonko, creado en el 2014, es uno de los que conforma la oposición de la coalición gubernamental BBY, y cuenta además con el respaldo de la gran mayoría de los jóvenes senegaleses y el resto de partidos políticos de la oposición. Con una población ampliamente joven, – los últimos datos proporcionados por la Agencia Nacional de Estadística y Demografía, (ANSD) estiman la edad media del país en 19 años – la República de Senegal hace frente a posibles cambios sociales que emergen, precisamente, de la juventud senegalesa.

La jornada del 26 de febrero comenzaba con barricadas y tensiones entre la policía y un grupo de manifestantes en la localidad de Pikine, debido a la comisión ad hoc creada por la Asamblea Nacional para decidir si levantar la inmunidad parlamentaria a Ousmane Sonko a raíz de los cargos de los que se le acusa. Alrededor de las 14.00 horas, la comisión – formada por nueve diputados – decidió finalmente desproveer a Sonko de su inmunidad. A pesar de estar convocado, el presidente de Pastef-Les Patriots no asistió a la Asamblea Nacional y además dijo a los medios senegaleses que no respondería a las investigaciones que dirigiese la justicia por considerarlo un procedimiento injusto y un completo boicot político. Por el contrario, sus detractores consideran que no haberse presentado ante la comisión es un signo más de su culpabilidad.

El proceso de decisión sobre la inmunidad parlamentaria de Sonko está creando polémica en la oposición del gobierno, que también lo considera una artimaña política, ya que la comisión ad hoc debería haber estado formada por doce miembros, pero, sin embargo, dos diputados de la oposición decidieron dimitir y no formar parte de dicha comisión por sopesar el procedimiento como precipitado, al no tomar en consideración la presunción de inocencia de Ousmane Sonko. Dichos diputados, Cheick Mamadou Abiboulaye Dieye y Moustapha Guirassy, publicaban en Twitter el pasado 21 de febrero que “no podían aceptar ser cómplices del fin de la carrera política de un diputado elegido legítima y democráticamente puesto que esta acusación no se basa en ningún elemento probatorio”.

Por su parte, el número de detenciones y disturbios en la capital senegalesa y sus alrededores no cesa. Según la prensa local, 12 militantes de Pastef, entre ellos 8 docentes, fueron arrestados en la jornada del 1 de marzo tras una manifestación convocada en Sédhiou para exigir el fin de la persecución del presidente Sonko y los simpatizantes del partido. Este hecho derivó en un comunicado conjunto de mujeres líderes políticas y miembros de la oposición senegalesa al ministro de Interior, Antoine Diome, denunciando “enérgicamente” la detención de las afiliadas al partido político de Pastef-Les Patriotes.

Tal y como se preveía, el problema político ya ha traspasado a la esfera social, que comienza a estar cada vez más polarizada. Por un lado, los detractores de Macky Sall están convencidos de que se trata de una artimaña política para eliminar al opositor a la presidencia más fuerte del momento, y se niegan a que se cumpla el rumor que atemoriza a la mayor parte de la población: un tercer mandato de Macky Sall, puesto que, como se mencionaba anteriormente, la reforma de 2016 permite otras interpretaciones, sumándole que el presidente no se ha pronunciado claramente sobre los rumores que corren sobre un tercer mandato consecutivo, lo cual está dando lugar a tensiones y a una desconfianza generalizada en la política por parte de los jóvenes senegaleses.

Por otro lado, es cierto que no todos los jóvenes apoyan al que se postula como opositor de Sall por el hecho de tener raíces en la región de Casamance. Muchos temen que su llegada al poder reavive el conflicto independentista que allí tuvo lugar durante casi 30 años, y que, por ende, le de más poder a esta región, cambiando por completo el juego político senegalés al que estamos habituados. Así todo, la mayor parte de la juventud senegalesa cree en Sonko, que ha aprovechado la coyuntura derivada de la pandemia para elaborar un discurso de empoderamiento juvenil, llamado el “Proyect Senegal Nouveau”. Entre sus propuestas, se encuentra reducir el paro juvenil, mejorar la calidad de la educación, y, lo que más preocupa a Europa: reducir la dependencia económica y política de la República hacia el viejo continente, y en particular, hacia Francia. Ya en una entrevista para TV5 Monde en el 2018, Sonko afirmaba que uno de los problemas fundamentales del país era la economía terciaria, “dominada ampliamente por los intereses extranjeros”, y se mostraba dispuesto a llevar a Senegal a la posición de economía emergente desvinculándose del régimen monetario del Franco CFA. Otra de las bases del discurso de Sonko es el patriotismo senegalés, ya no solo en el ámbito económico, sino también político. Con una postura más conservadora en términos religiosos, su llegada al poder podría suponer un antes y un después en las relaciones del país con el exterior, sobre todo con Europa.

Las manifestaciones desatadas tras la detención de Ousmane Sonko el pasado 3 de marzo mientras se dirigía a declarar ante el juez por los cargos de los que se le acusa, han aumentado sustancialmente. La Ciudad Universitaria de Dakar se posiciona como uno de los puntos calientes de estas movilizaciones – atizadas todas ellas por los jóvenes del país –, donde han tenido lugar enfrentamientos violentos con la Policía. Los saqueos a la multinacional francesa ‘Auchan’, la quema de neumáticos, el lanzamiento de piedras contra las fuerzas armadas, y la respuesta de estas con gases lacrimógenos y balas reales ha sumido al país en una inestabilidad política y social muy poco habitual, dejando por el momento dos muertos. Para este 5 de marzo, se espera una gran manifestación convocada por los simpatizantes del partido político que preside Ousmane Sonko, no solo para exigir su liberación sino para ‘clamar por la destitución de Macky Sall’. Asimismo, las emisiones de dos canales de televisión privados han sido suspendidas por las autoridades tras la difusión de imágenes violentas.

Situación económica derivada de la Covid-19

Si antes de la Covid-19 había numerosas familias senegalesas en situación de pobreza, – los últimos datos del Banco Mundial reflejan que en el 2011, el 40,7% de la población vivía por debajo de la línea de pobreza nacional – la pandemia no ha hecho más que agudizar el problema. A mediados de marzo de 2020, el presidente Macky Sall anunciaba el cierre de escuelas, comercios y la prohibición de manifestaciones públicas, imponiendo además medidas de distanciamiento y restricción del movimiento para evitar una mayor propagación del virus, que si bien no alcanzaba los niveles de contagio de Europa, un mayor número de enfermos podría costar el colapso total de la sanidad y economía senegalesa por contar con tan solo 500 camas hospitalarias y doce camas de UCI en todo el país. Por su parte, la economía también ha quedado tocada y hundida, pues entre los meses de enero y abril de 2020, las exportaciones de Senegal bajaron un 50,3% según los datos de PNUD.  El cierre de fronteras a nivel nacional e internacional afectan desde el pasado año a uno de los sectores que más aporta a la economía de la República, el sector del turismo. Ya en junio del 2020, el PNUD estimaba una bajada del 45% de las ganancias de este sector, que representa un 1,2% del PIB nacional. Por otro lado, según Banco Mundial, la tasa de inflación media se incrementó de un 2,8% en 2019 a un 3,5% en el pasado 2020 en África, por lo que no solo las familias obtienen menos ingresos sino que los precios se han encarecido.

El toque de queda – actualmente decretado a las 21.00 horas – ha afectado infinitamente a uno de los sectores tradicionalmente más vulnerables de Dakar: los peul. La etnia nómada más grande a nivel mundial y presente en casi todo el continente vive sobre todo de la venta de bienes tan básicos como los cacahuetes. La mayoría de las mujeres venden comida en la calle, y los hombres suelen tener pequeñas boutiques, que quedaron cerradas durante el confinamiento. En la capital senegalesa, son muchas las familias que viven de los ingresos diarios, pues el empleo informal es la principal fuente de empleo, que genera, según el Banco Mundial, el 97% de la creación de empleo en un país donde la tasa de desempleo ha llegado al 54%. Según los vecinos del barrio de Ouakam, estos trabajadores informales se encontraban antes de la Covid en una situación precaria, con empleos temporales y mal remunerados. Por tanto, las medidas tomadas por el gobierno de Senegal para evitar o contener la expansión del virus por el país pone en peligro, no solo el trabajo de los que se dedican a la economía informal, sino a la subsistencia de sus familias y de la economía familiar. Tanto es así, que, según la OIT, los sectores más afectados por la Covid son aquellos trabajadores que ya tenían bajos salarios y que no disponían de un acceso pleno y seguro a la seguridad social.

Importancia de las remesas

Las remesas de los migrantes se han convertido en una fuente importante de financiación extranjera para Senegal. Estas transferencias alcanzaron el 10% del PIB en 2018, y representan tres veces las Inversiones Extranjeras Directas y 2,5 veces la Asistencia Oficial para el Desarrollo según el PNUD. Además, uno de los recursos más importantes para la lucha contra la Covid y sus consecuencias económicas ha sido, ciertamente, las remesas de los migrantes. Solo en 2020, las remesas de los senegaleses en el extranjero bajaron un 30%, teniendo sus respectivas consecuencias económicas y sociales en Senegal. De acuerdo con lo establecido por el PNUD, uno de los motivos de esta bajada es que los países de los que provienen la mayor parte de las transferencias han sido los más afectados por la pandemia (Italia, Francia y España). Además, los trabajadores senegaleses inmigrantes en Europa han perdido sus trabajos en mayor medida que los trabajadores nacionales. Teniendo en cuenta que las remesas de los inmigrantes constituyen para muchos hogares pobres los únicos ingresos, y que un 63% de los hogares senegaleses se benefician de estas transferencias, se hace todavía más evidente el impacto económico que ha ocasionado la pandemia para los sectores más vulnerables de la población.

A modo de conclusión, el incremento de los precios de consumo y el recorte en los ingresos debido a la incapacidad para poder trabajar con normalidad, además del descenso de las remesas, ha incrementado la pobreza a nivel nacional, que en la capital senegalesa se ha convertido en miseria. Este hecho no hace más que acrecentar la tensión social que desde hace meses se viene generando, no solo por el impacto económico de la Covid-19 en el país, sino por el actual conflicto derivado por el asunto de Sonko. Con una población juvenil mayormente desempleada, desconfiada de la política, y el agravamiento económico, la República deberá contener numerosas tensiones que pueden estallar de este caldo de cultivo.

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