El discurso de Viktor Orbán, ¿por qué triunfa en Hungría?

Autores: Miguel Muñoz López y Sandra Muros Pena. Estudiantes de Relaciones Internacionales y Economía.

Resumen

El ascenso y la popularidad de Viktor Orbán en Hungría constituyen uno de los hechos más paradigmáticos en la Europa actual. ¿Qué ha causado que el discurso y las ideas de Viktor Orbán haya tenido tanto éxito? Este artículo aborda las causas y consecuencias que han llevado al auge de la ideología de Orbán en Hungría y sus consecuencias en el escenario político europeo actual.

Abstract

The rise and popularity of Viktor Orbán in Hungary constitute one of the most paradigmatic events in today’s Europe. What has made Viktor Orbán’s rhetoric and ideas to have been so successful? This article addresses the causes and consequences that have led to the rise of Orbán’s ideology in Hungary and its consequences in the current European political scene.

En la última década son numerosos los populismos que han surgido en Europa. El auge de Viktor Orbán en Hungría constituye uno de los casos más paradigmáticos. Los factores que han llevado a su triunfo y mantenimiento en el poder son diversos, y solo a través de una comprensión de los mismos puede entenderse el contexto global que ha dado lugar al gobierno de ​Fidesz – Unión Cívica Húngara, encabezado por Orbán.

Fidesz o Alianza de Jóvenes demócratas, fundado en 1988, fue en origen una organización estudiantil, libertaria y anticomunista. Nació de pequeños grupos clandestinos muy perseguidos por su oposición al régimen comunista. En 1998, Orbán ganó las elecciones y formó un gobierno de coalición. Sin embargo, perderá las elecciones de 2002 y de 2006, aunque ganará fuerza progresivamente por diversos escándalos en el Partido Socialista. Esto puede explicarse desde una perspectiva de descontento social, alimentado por la imagen de un socialismo «corrupto y elitista», que servirá como primer peldaño para explicar el éxito incontestable de Fidesz en 2010, en un contexto de crisis económica mundial.

Estos sucesos generarán un ambiente propicio para que permeen las ideas del líder magiar. Además, con una oposición muy polarizada −encabezada por ​Jobbik, partido más radical que ​Fidesz, y el Partido Socialista como tercera fuerza−, solo quedará aferrarse a un clientelismo de los votantes, a través de un velo nacionalista, fundamentado en la denominada política de la posverdad, una forma “visceral” de hacer política.

La Historia de Hungría es uno de los argumentos más recurrentes en la retórica de ​Fidesz. Los orígenes del país la sitúan en el centro de Europa desde el 800 a.C., lo que llevará al desarrollo de un fuerte sentimiento europeo. A este se le unirá la importancia de los valores cristianos, desde el año 1000 d.C., cuando el rey Esteban I establece la religión católica como oficial del Reino de Hungría. Estos valores se ven consolidados más tarde con la victoria en el Sitio de Belgrado contra el Imperio Otomano de Mehmed II, que marcará la frontera entre la Europa cristiana y el Islam. Más tarde, Hungría pasará a formar parte del Imperio Austríaco, y al independizarse de este tras la I Guerra Mundial (1914-1918), perderá dos tercios de su territorio a causa de las sanciones del Tratado de Trianon (4 junio 1920). Posteriormente será ocupada por Alemania durante la II Guerra Mundial (1939-1945), y al finalizar esta, pasará cuarenta años bajo dominación de la URSS. Todos estos hitos históricos serán utilizados para justificar un discurso de subyugación de la nación magiar, una nación fuertemente europea y cristiana, que vería peligrar sus valores necesitando de un “salvador”, figura que encarnaría Viktor Orbán. Así, se identificará a la burocracia europea de Bruselas (que no al concepto de Unión Europea en sí) con el comunismo de Moscú, ya que ambos amenazarían de igual manera la soberanía del pueblo húngaro.

Para sustentar este discurso, una de las medidas que llevará a cabo Orbán al llegar al poder será la redacción de una nueva Ley Fundamental en 2011, que no solo pondrá de relieve los valores más tradicionales de la nación magiar, sino que también marcará el fin de la transición post-comunista. Esto no ha sido consecuencia de una crisis constitucional, ni de la exigencia de una nueva por factores externos, sino que siempre ha sido parte de la agenda política de Orbán y de la voluntad de afianzar su gobierno de manera simbólica.

La recesión que en ese momento atravesaba Europa será utilizada por ​Fidesz para argumentar un fallo estructural del sistema económico capitalista, consistente en una crisis de la civilización occidental. Ante esto, el líder magiar ofrecerá una alternativa al capitalismo, dentro de las democracias liberales, con la idea de “Estado de trabajo”. Este modelo de Estado viene definido en cierta manera como un autoritarismo democrático, que se traduce en un régimen semi-democrático. Al mismo tiempo, se presentará como una solución a una crisis que, según Orbán, evidenciaría un mal mayor en la civilización occidental y sus valores; un mal que no se resolverá con teoría económica, sino desde una nueva perspectiva político-social que retome los valores tradicionales y se sustente en el trabajo, con un mandato fuerte.

Viktor Orbán en su discurso durante el 35º aniversario del PPE. Foto obtenida de: European People’s Party

La crisis de los refugiados de 2015 ha sido otro factor capital en la línea discursiva del primer ministro húngaro y que, asimismo, ha sido utilizada como método para atacar a Europa, al haberse puesto de manifiesto cierta ineficiencia a la hora de resolver dicha crisis. Así, se convocará un referéndum en 2016 para preguntar al pueblo sobre la política migratoria obligatoria de la UE. Esta consulta será invalidada, pero cumplirá el objetivo buscado, al evidenciar el rechazo de gran parte de la población a estas políticas. De esta manera, se ha ido cimentando progresivamente una torre de medidas anti-inmigración, apoyada siempre en la mayoría popular. Mantiene,asimismo, una posición clara contra la población romaní. Además, este conflicto ha servido a Orbán para reafirmar de nuevo los valores cristianos europeos, según él contrapuestos a la cultura islámica, proclamándose máximo defensor del espacio Schengen.

El pulso constante con Bruselas, que más tarde se acentuó con una campaña publicitaria que atacaría abiertamente la figura de Juncker −relacionándolo con George Soros− provocaron su suspensión indefinida del Partido Popular Europeo (PPE). Desde marzo de 2019, no puede votar, no puede participar en las reuniones del partido ni puede proponer candidatos a ninguna posición. En palabras de Donald Tusk, líder actual del PPE, la formación de Orbán fue suspendida por «sus ataques a los estándares democráticos» y critica el apoyo a los partidos que él denomina «populismo irresponsable».

En definitiva, Orbán ha aglutinado las preocupaciones de la mayoría popular húngara y las ha explotado. Utilizando el discurso de la subyugación de Hungría por poderes externos −Imperio Austríaco, Alemania, el comunismo y ahora, Bruselas− e instrumentalizando el cristianismo, Viktor Orbán ha puesto en marcha una política fuertemente identitaria y nacionalista que triunfa indudablemente en Hungría. Supone, sin embargo, un planteamiento antagónico al paradigma de la Unión Europea actual, a la cual desafía abiertamente, lo que ha culminado en diversas sanciones. Hungría propaga, así, un escenario que amenaza y pone en duda −al igual que otros gobiernos en auge en la coyuntura actual− la unidad de Europa como se había entendido hasta ahora.

Palabras clave

populismo, Unión Europea, Partido Popular Europeo, Hungría, Viktor Orbán, Fidesz.

Key words

Populism, European Union, European People’s Party, Hungary, Viktor Orbán, Fidesz

10 de marzo de 2020

ISSN 2340 – 2482

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