Chaebols, los desconocidos gigantes asiáticos

Autor: Juan Carlos Rodríguez Arduengo. Derecho y Ciencias políticas

RESUMEN

A pesar de que son mundialmente conocidas, empresas como Samsung o LG ocultan tras de sí un descomunal entramado empresarial de sobra conocido en Corea del Sur: los chaebol. Tras la Guerra de Corea, el presidente Park Chung-hee otorgó a empresas familiares conocidas como chaebol numerosos privilegios económicos con el fin de impulsar la economía coreana. Si bien las políticas fueron exitosas, el exponencial desarrollo económico de Corea del Sur llevo aparejado también el descomunal crecimiento de los chaebol. Antaño modestas empresas familiares, hoy en día los chaebol son titánicos conglomerados empresariales administrados por familias que ostentan un desmesurado poder económico e incluso político en Corea del Sur. 

ABSTRACT

Even though they are globally renowned, companies like Samsung or LG hide behind themselves humongous business conglomerates that are very well-known in South Korea: the chaebol. After the Korean War, President Park Chung-hee gave to Korean family businesses multiple economic benefits to bust the Korean economy. While these policies were successful, they helped also with an uncontrolled exponential growth of the chaebol. Once humble family businesses, today chaebol are massive companies administrated by the same families who hold most of the economical and even political power of South Korea.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Corea del Sur puso en manos de empresas familiares el crecimiento económico del país: los chaebol. Los chaebol son grandes conglomerados empresariales administrados por clanes familiares que actualmente concentran el poder económico e incluso político de Corea. Muchos de ellos son empresas mundialmente conocidas como Samsung, LG o Hyundai cuyas divisiones comerciales en Europa son solo la punta del iceberg de titánicas matrices empresariales. Por ejemplo, Hyundai no sólo produce automóviles, sino que en su matriz conviven empresas como una petrolera o una empresa dedicada a la producción de buques y maquinaria. Por otro lado, Samsung se dedica a la tecnología, pero en Corea del Sur también tienen divisiones dedicadas a los seguros, las finanzas o el turismo. Además, son propietarios de equipos de fútbol y béisbol como los Samsung Lions, los LG Twins o los Kia Tigers.

Antes de hablar del poder que acumulan los chaebol, es importante identificarlos y conocer su origen. Los expertos definen tres características fundamentales que los identifican: son conglomerados con presencia en diversos sectores económicos, pertenecen a una familia o clan y tienen un gran peso en la economía nacional. La importancia de su carácter familiar proviene de su origen. Antes de la década de 1950, los chaebol eran modestas empresas familiares en las que el presidente Park Chung-hee depositó su confianza respecto al crecimiento económico de Corea del Sur. Para ello, se dotaron a los chaebol de cuantiosas subvenciones y se concedieron numerosos beneficios fiscales. También se facilitó el acceso de estas empresas a los créditos.

Por otro lado, el gobierno surcoreano aplicó una fuerte política proteccionista que incluyó la expropiación de negocios extranjeros. Además, este desarrollo coincidió con el régimen autoritario de Park Chung-hee durante el cual se suprimieron sindicatos, se ignoraron los derechos humanos así como se persiguió a la izquierda surcoreana por miedo a las amenazas de Corea del Norte. Este período definió la idiosincrasia de los chaebol y su lado más oscuro: administración opaca, violación de derechos laborales, escándalos de corrupción, impunidad ante la justicia… En otras palabras, el crecimiento explosivo sin controles democráticos ha creado colosales clanes empresariales cuyo poder económico y político llega incluso a superar al poder del propio presidente de Corea.

Pero ¿cuál es el alcance del poder de los chaebol? En la economía surcoreana, los chaebol suponen más del 84.3% del PIB del país con beneficios de casi 1.6 billones de dólares anuales. Por otro lado, los chaebol producen el 50% de los productos y servicios que se adquieren en Corea. De este porcentaje, el 28% corresponde a Samsung, la corporación más poderosa del país poseyendo negocios tan diversos como aseguradoras, empresas farmacéuticas u operadores turísticos. Por último, a pesar de que los trabajadores de los chaebol solo suponen un 11% de la fuerza laboral coreana, existe una altísima demanda por los puestos en estas empresas debido a la remuneración que ofrecen y el prestigio que supone trabajar en estas empresas. 

No obstante, el poder de los chaebol no acaba en su peso económico. Y es que es por todos conocido los lazos que comparten los directivos de estos conglomerados y los altos funcionarios del gobierno. Desafortunadamente, en Corea del Sur son frecuentes los casos de corrupción en los que los chaebol sobornan a las autoridades a cambio de favores. Y es que los dirigentes de hasta 10 corporaciones cuentan actualmente con antecedentes criminales, lo que demuestra la transigencia de la justicia con estas compañías. Casos tan sonados como el arresto en 2017 del vicepresidente de Samsung, acusado de sobornar al gobierno con el fin de que autorizara la fusión de dos de sus filiales. A pesar de ello y tal y como se ha mencionado antes, la justicia no escapa de las garras de los chaebol, saliendo victoriosos de los casos o con condenas irrisorias.

Esta falta de control sobre los chaebol deja casos mucho más estremecedores y peligrosos para la población. A pesar de la alta demanda de los puestos de trabajo en estas empresas, continuamente afloran casos de vulneración de los derechos laborales. Jornadas extenuantes, regímenes de semiexplotación o ausencia de prevención de riesgos laborales entre otras. Destaca el caso de los 319 trabajadores de Samsung que enfermaron en sus fábricas de semiconductores y que la empresa trató de ocultar con la transigencia de las autoridades. Para que Samsung llegara a un acuerdo, se necesitaron diez años de denuncias y protestas por parte de víctimas, abogados, sindicatos, activistas y políticos críticos con los chaebol.

Esta connivencia de las autoridades con los chaebol, está alcanzando sus límites en la sociedad surcoreana que ante la ralentización de su economía comienzan a exigir que el gobierno ponga coto a los excesos de los conglomerados. No obstante, será sumamente complicado revertir la situación actual en un sistema político cuyas decisiones están determinadas por las opiniones de las corporaciones que lo dominan que llegan incluso a determinar la política internacional de Corea. En 2016, Corea del Sur con el apoyo de Estados Unidos comenzó a desarrollar un sistema antimisiles frente a las costas chinas. Dicho proyecto se ubicaría en un campo de golf de la compañía surcoreana Lotte, que rápidamente se volvió un actor del conflicto cuando China apeló directamente a los directivos de Lotte amenazándoles con embargos y retirada de inversiones. 

En conclusión, a pesar de que los chaebol fueron el milagro de la economía surcoreana, su crecimiento desenfrenado y la falta de control ha creado empresas titánicas con tanto o incluso mayor poder que el Gobierno. A pesar de que la sociedad surcoreana reclama un cambio, Corea se encuentra sumamente limitada ante el inmenso poder de sus chaebol, su indudable protagonismo en la economía surcoreana y las cuantiosas aportaciones económicas (legales e ilegales) a los proyectos del gobierno. En definitiva, lo que una vez fueron los hijos predilectos de Corea, los chaebol se resisten a obedecer a unos padres más estrictos.  

ISSN 2340 – 2482

22 junio 2022

BIBLIOGRAFÍA

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