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Hungría deteriora aún más su relación con la UE con su discurso nacionalista

UE HUNGRÍA | 05 de diciembre de 2017

El secretario de Estado húngaro de Fomento, Pál Völner. EFE/Archivo

Budapest, 5 dic (EFE).- Hungría optó hoy por mantener su rumbo de colisión con la Unión Europea (UE) al anunciar que no hará caso de las críticas de Bruselas y no modificará una nueva ley de control de las ONG extranjeras, con lo que se deterioran aún más sus relaciones con el bloque comunitario y se arriesgan incluso a duras sanciones.

"La Comisión Europea (CE) puede ahora acudir a los tribunales", dijo hoy el secretario de Estado de Justicia húngaro, Pál Völner, en referencia a la posibilidad de que el procedimiento de infracción abierto a Hungría por este tema acabe en el Tribunal de Justicia de la UE.

Völner reiteró que su Gobierno no modificará la polémica ley que regula el funcionamiento de las ONG y que, según la CE, vulnera el derecho comunitario.

La nueva ley obliga a registrarse como "organización financiada desde el extranjero" a aquellas ONG que reciban al año más de 23.000 euros de fuera del país.

La CE inició el pasado julio un procedimiento de infracción contra Budapest, al entender que la norma viola la libre circulación de capitales al restringir las donaciones desde el extranjero.

En octubre, el procedimiento de infracción pasó a la segunda fase y se dio a Hungría un mes de plazo para que diera una respuesta, un ultimátum ignorado por el Gobierno húngaro, que lidera el nacionalista Viktor Orbán.

Como en anteriores conflictos con la UE, el Gobierno húngaro denuncia que en se está aplicando un "doble rasero" con Hungría, ya que, argumenta, no se le ha dado suficiente tiempo para reaccionar a los diferentes pasos del procedimiento de infracción.

Desde que Orbán llegó al poder en 2010, ha mantenido enfrentamientos con distintos organismos internacionales, como el que tuvo con el Fondo Monetario Internacional por la introducción de un impuesto a la banca.

Con la UE se han sucedido conflictos relacionados con reformas constitucionales que afectaban a la independencia del Banco Central húngaro y de la autoridad de control de datos, limitaban las competencias del Tribunal Constitucional o afectaban al poder judicial.

En los últimos meses, los refugiados musulmanes, considerados por Orbán como una amenaza a los valores europeos, y el millonario estadounidense George Soros, al que acusa de querer traer a millones de inmigrantes a Europa, se han convertido en los principales ejes de su discurso nacionalista y de defensa de la soberanía.

"Desde hace ocho años Orbán mantiene una lucha por la independencia", dijo a Efe Edit Zgut, analista del Instituto Political Capital.

"De esa forma, la UE fue marcada como el enemigo que supone un peligro para la soberanía de las naciones" que la integran, agregó.

Con esta estrategia, dice la analista, de tener un enemigo constante, Orbán tiene más fácil hacer creer a los votantes que los conflictos no son otra cosa que una conspiración contra Hungría.

Zgut opina que lo mejor para el Gobierno es mantener esa tensión, para poder presentarse como el defensor de los intereses nacionales.

"El Gobierno húngaro disfruta con estas situaciones. Orbán ha ido ya a la Eurocámara y este próximo jueves el ministro de Exteriores también irá", recalcó Sgut sobre la comparecencia de Péter Szijjártó ante la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior (LIBE) del Parlamento Europeo.

Allí, el ministro responderá a las preguntas de los eurodiputados sobre la situación de los derechos fundamentales en Hungría.

En los próximos meses la LIBE analizará la situación en Hungría y, si lo cree oportuno, propondrá al Consejo Europeo la aplicación de medidas como el artículo 7 del Tratado de la UE, que podría limitar el derecho de voto de Hungría en instituciones europeas.

El portavoz del Gobierno, Zoltán Kovács, ya ha adelantado que la audiencia en la LIBE es parte de "una caza de brujas" y que será una "farsa judicial".

Según Zgut, la amenaza de sanciones no tienen el efecto deseado, "ya que Polonia y hasta Austria podría vetar su aplicación".

Por ello, no se espera que Orbán modifique una estrategia que le hace ganar popularidad y electores.

Esos enemigos externos, como Bruselas o Soros, servirán para movilizar a los votantes en las próximas elecciones previstas para la primavera de 2018, destaca la analista.

Las encuestas prevén para Orbán y su partido Fidesz una cómoda victoria con el 40 % de los votos, aunque por debajo del 44,5 % de 2014 y, aún más, de la arrolladora victoria de 2010 que le dio el control de dos tercios del Parlamento.

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