ARGELIA: UNA REALIDAD BURLADA

Resumen

Argelia es entendida, por lo menos, según dos visiones: por un lado, la proyectado por su Gobierno como un país  próspero; por otro, una realidad desigual y menos optimista. En un juego de dualidades interpretativas; el discurso oficial contrasta con los oficiosos en un Estado que puja por dirigir la geopolítica regional. Laicidad y fundamentalismo, industralización y agro, seguridad y terrorismo, democracia y fraude; tal diversidad de perspectivas venía reforzando ambos argumentarios sin necesidad de contradicción. No obstante, la prolongada crisis del petróleo amenaza a Argelia con una inestabilidad económica y política generalizada. Mientras crece la incerteza, los mandatarios argelinos parecen incapaces de sostener su propio mito.

Abstract

Algeria is understood, at least, according to two visions: on the one hand, that projected by its Government as a prosperous country; on the other, an unequal and less optimistic reality. In a game of interpretive dualities; the official discourse contrasts with the officialdom in a state that strives to direct regional geopolitics. Secularism and fundamentalism, industrialization and agriculture, security and terrorism, democracy and fraud: such a diversity of perspectives reinforced both arguments without the need for contradiction. However, the prolonged oil crisis threatens Algeria with widespread economic and political instability. As uncertainty grows, the Algerian leaders seem unable to sustain their own myth.

Palabras clave

Argelia, Buteflika, Magreb, África, Gas natural, Petróleo, Recursos energéticos, Terrorismo.

Keywords

Algeria, Buteflika, Magreb, Africa, Natural gas, Petroleum, Energetic resources, Terrorism.

La situación actual de Argelia aparece ajena a la realidad mediática global debido a la escasa cobertura que se le presta fuera de su esfera inmediata. Sin embargo, la figura del país como actor principal en el Magreb lo convierte en objeto de especial interés a la hora de entender su complejo panorama regional y la crítica situación en la que se encuentran país y región.

 

Contexto histórico-político:

 

Conviene remontarnos hasta el siglo XX para atisbar la configuración de Argelia como Estado. La cruenta guerra civil enfrentó al Frente de Liberación Nacional (FLN) contra el Gobierno colonial francés y la Organisation de l’Armée Secrète (OAS) durante ocho años de uso indiscriminado del terror por ambas partes. Finalmente, el país obtuvo la independencia en 1962. El flamante Estado englobó en su seno tanto a la población árabe como a la bereber del Sáhara argelino y expulsó a la minoría europea: los pied-noirs, en su mayoría franceses, pero también españoles e italianos, junto a los judíos y a los árabes afrancesados.

Se instauró entonces una república presidencialista encabezada por Ben Bella, líder del FLN y artífice de la independencia argelina. Pronto, le sucedieron una serie de golpes de estado y rebeliones que afianzaron los rasgos del modelo económico y social argelino: Socialismo de Estado o impulso a la educación, nacionalización de las explotaciones de gas y petróleo, desarrollo industrial y reforma agraria. También se reforzó el sentimiento nacionalista mediante el uso de símbolos y la vinculación del poder con la religión musulmana como forma de ganar lealtades y legitimidad para el régimen en el poder. En toda una demostración de pragmatismo, Ben Bella nombró ministro a Tewfik Madani, un religioso, quien pretextó que: “el Islam es una religión socialista, esto es, una religión de equidad”. En lo tocante al plano político, Argelia se inclinó por estrechar lazos con la URSS a la vez que se decía neutral y antiimperialista. Asumió el discurso post-colonial y culpó de sus atrasos a la herencia y a los complots de la ex metrópoli, pese al avance de las décadas. La construcción de estructuras estatales efectivas de forma acelerada y pacífica, con evidentes presiones internacionales, y la necesidad de volverse competitivos en el plano económico e independientes en el político son circunstancias comunes entre los países descolonizados. Ante desafíos de tal magnitud, no todos los Estados han conseguido despuntar conforme a las expectativas creadas: entre ellos debe contarse Argelia.

El descontento con el sistema político establecido se manifestó en la reforma constitucional de 1989, que había adoptado el pluripartidismo y la economía de mercado para Argelia. No obstante, el FLN monopolizó el poder como partido único aún hasta 1991, cuando hubo elecciones generales. En ellas, el Frente Islámico de Salvación (FIS) se saldó con la victoria, lo que demostró el apoyo de la población al fundamentalismo y su voluntad de disociar al Islam de las ideas socialistas. Además, el campesinado se había indignado por unas reformas agrarias tan tardías como ineficaces, para mayor castigo contra su base electoral. Ante tal revés, el Gobierno decretó estado de excepción y la disolución del FIS, lo que ocasionó una nueva ola de represión violenta, atentados y desorden. Estos enfrentamientos acabaron por provocar la fuga de los pocos europeos que quedaban, víctimas preferentes del radicalismo islamista, y de la inversión extranjera, indispensable para el joven Estado.

Bajo esta coyuntura, Abd al-Aziz Buteflika se presentó como independiente a los comicios de 1999 y, con ánimo conciliador, logró aglutinar el apoyo del FLN y de los islamistas, a quienes prometió que no habría persecuciones ni represalias. Este político, abanderado de la gobernabilidad, había sido ya el ministro más joven de Asuntos Exteriores, al recibir la cartera en 1963. Su vida como estadista pasa por longeva: a día de hoy, continúa en el cargo de Presidente de Argelia tras cuatro renovaciones. Con frecuencia, la oposición denuncia los resultados como fraude, en lo que consideran un regreso al partido único: sospechan de un respaldo masivo de los electores (81,53% de los votantes en 2014[1]) y de la apatía del grueso poblacional, la mayoría silenciosa.

La Sociedad Internacional, lejos de cometer la excepción, prioriza la estabilidad económica sobre una democracia fidedigna. Esto provoca un precario equilibrio, propio del pensamiento liberal hegemónico, puesto que no pueden disociarse completamente los ámbitos político y económico de un país. Visto el contexto, pasemos a analizar el contagio entre los distintos campos, recordando que no se tratan de compartimentos estancos.

 

Energía y seguridad

 

Tratar de la economía de Argelia nos encamina siempre hacia sus recursos energéticos: el petróleo y al gas natural. Esta industria representa el 94% de sus exportaciones y su fuente principal de ingresos. El capital social de las empresas petrolíferas se regló como propiedad del Estado, al menos en un 51%. Con su explotación, Argelia obtuvo su receta para el desarrollo: le permitió una balanza comercial positiva y mantener sus niveles de deuda al mínimo. El éxito de estas factorías hizo asumible el fracaso de las diversas reformas agrarias. Del privilegiado feudo francés, antiguo motor de la economía argelina, quedaba un sector poco productivo, incapaz de satisfacer la demanda interna. No en balde, el trigo es la primera importación de Argelia.

Las ganancias energéticas costearon una política de subvenciones cuantiosa, que sirvió para acallar las tímidas protestas contagiadas por la Primaveras Árabes; también sustentó la compra al exterior de bienes de equipo y transportes. Pero, por encima de todo, se destinaron a convertir a Argelia en la segunda potencia militar de África y en el quinto país por el volumen de importación de armas en el mundo. Algeria priorizó sus fuerzas de seguridad ya desde la descolonización, a la vez que se iniciaba la competencia con Marruecos por la hegemonía regional.

Tras confrontaciones fronterizas explícitas como la Guerra de las Arenas o conflictos como el del Sáhara Occidental y Palestina, Rabat y Argel se reconciliaron públicamente en 1988, si bien la rivalidad entre ellos sigue más que patente, como lo demuestra el caso de la membresía de Marruecos en la Unión Africana. De todos modos, los lindes con Marruecos son los menos preocupantes para la seguridad argelina. Constituyéndose como polo de estabilidad, se cuida de la inseguridad procedente de vecinos como Libia, pero también vela a los terroristas que operan hasta en su propio seno. Al-Qaeda del Magreb Islámico, Ansar al-Sharia y el Daesh franquean los porosos límites territoriales del Sahel y del Magreb, instando a una respuesta conjunta de los Estados, así como a aumentar sus ejércitos y controles.

 

 

La caída del precio del petróleo en 2014 supuso un desastre para el modelo del país, dada su casi nula diversificación económica. La irrupción del fracking en Estados Unidos junto a la incorporación de nuevos agentes llevaron a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a mantener su cuota de mercado, aunque ello acarrease el desplome de los precios. A grandes rasgos, la oferta excedía a la demanda y saturó el mercado, abaratando el petróleo. Así, Argelia cayó en una crisis estructural: perdió alrededor del 70% de sus ingresos en hidrocarburos, lo que viene a equivaler casi al total de sus ingresos exteriores.

La decisión de mantener el nivel de producción ha beneficiado a los importadores. Entre ellos, España, que recibía el 59% de su petróleo importado de Argelia en 2015[2]. Este grado de dependencia llevó a activar protocolos para la diversificación de las fuentes de abastecimiento del gas en el país. El paso de un gasoducto de España al norte de los Pirineos que suministrase a Europa para hacerla menos dependiente de Rusia se ha visto frustrado por la negativa de Francia. Por ello, el petróleo argelino tiene una incidencia menor, aunque relevante, en la Unión Europea.

[3]

 

La balanza de pagos se ha invertido: ahora Argelia gasta más de lo que gana y empieza a emplear sus reservas, por lo que se espera medidas perentorias. Las más probables parecen disminuir tanto las subvenciones como las importaciones, así como abogar por el desarrollo de un sector turístico, del que, hasta hace poco, se jactaban de no necesitar. Sin embargo, el presidente Buteflika, exhausto, opta por guardar silencio; se recoge de las reuniones con otros mandatarios y elude comparecencias. Ante este inmovilismo, se conoce que el futuro ganador de los comicios de 2019 tendrá que enfrentarse a los retos presentes; mientras tanto, la hucha continúa a vaciarse.

 

Análisis prospectiva y conclusión

 

Buteflika sigue sin designar sucesor, pero su mutismo no ha paralizado al aparato de poder, que ha empezado a moverse en sus círculos afines y en la oposición, también entre los fundamentalistas. Estos últimos cuentan con un amplio respaldo popular, pese a la impostura de una laicidad impulsada como propaganda de las élites hacia el extranjero. En una franja bien distinta, la mayoría de argelinos permanecen ajenos a estas decisiones, y aún hay quien se pregunta si la sombra del actual Presidente se extenderá  por un quinto mandato.

Las implicaciones de Argelia en el escenario internacional se derivan de su papel como potencia africana. En primer lugar, su entidad proviene, esencialmente, de su riqueza energética, de la que España depende en gran medida. Además, su posición en el Sahel y en el Magreb convierten al país en clave para el tránsito de grupos terroristas y en el medio para combatirlos. Además, y pese a todo lo dicho, también ofrece una perspectiva de relativa estabilidad y ciertas garantías para atraer la inversión que el país necesita con urgencia. Tal solidez deviene del ambiente convulso de sus Estados vecinos. Un incremento del precio del petróleo bastaría para devolver el ritmo de crecimiento, pero, hasta que esto suceda, Argelia necesita una reconversión profunda que aproveche sus potencialidades y bondades naturales, no solo energéticas. Solo mediante un plan de reformas serio se podrán evitar las crisis periódicas de una monoproducción que arrastra a todo el país.

 

 

Bibliografía:

 

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[1] Fuente: APS.

[2] Fuente: OEC.

[3] Fuente: Santander Trade Center.

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